Los antiguos profesores del Felipe VI coinciden: “Solía ir a la cafetería del colegio, en la que Amancio, el encargado, servía a los alumnos bocadillos, bollos, refrescos… Felipe tomaba un bocadillo de tortilla y una cocacola, y a veces hasta dos bocadillos”.
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El reconocido escritor y experto en Casa Real José Apezarena ha recordado algunas anécdotas de lo más curiosas de la etapa de estudiante del monarca.
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El futuro de la princesa Leonor está cada vez más claro debido a su formación universitaria, una vez que finalice este curso su formación castrense. Su hermana, la infanta Sofía, ya se encuentra en proceso universitario en Lisboa.
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En cierta medida, siguen los pasos de sus padres, aunque no es algo nuevo. Ya en el pasado, tanto el rey Felipe VI (58 años) como sus dos hijas, comenzaron sus estudios en el colegio Santa María de los Rosales en la capital del país.
Dicho centro escolar ha cambiado mucho con el paso de los años, aunque han tratado de mantener intacta su esencia. José Apezarena, escritor y experto en Casa Real, ha escrito en multitud de ocasiones sobre la etapa de estudiante del marido de la reina Letizia.
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Algunas anécdotas han sido de lo más curiosas y también han estado recogidas en ‘Los hombres de Felipe VI’, el libro que ha contado con el testimonio de algunos profesores del centro.
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Recordamos algunos de los pasajes más desconocidos de la vida del hoy rey en las aulas. Detalles que cobran especial importancia ahora que será su hija, la princesa Leonor, la que comenzará sus estidisos universitarios.
La cafetería del colegio.
Felipe era un buen estudiante, aunque sus profesores dejaron claro que nunca tuvieron que ayudarle en las notas. Sus calificaciones eran las que se merecía, sin ningún tipo de privilegio.
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El reconocido escritor contó que era uno de los primeros alumnos en llegar a clase, pero también uno de los últimos en abandonar el aula.
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.Su deseo de ser tratado como un alumno más se hacía visible en los descansos de las clases. “En los recreos, solía ir a la cafetería del colegio, en la que Amancio, el encargado, servía a los alumnos bocadillos, bollos, refrescos… que se pagaban con tiques: cada tique valía cinco pesetas, y se adquirían en Administración”, comentó el escritor.
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El buen comer del monarca ya se apreciaba en aquella época. “En BUP, Felipe tomaba un bocadillo de tortilla y una cocacola, y a veces hasta dos bocadillos; y eso que eran muy grandes”, desveló sobre este aspecto.
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Alumno ejemplar.
Uno de sus antiguos profesores habló del perfil que tuvo el monarca como estudiante. “Era un chico muy cumplidor. Nunca recibió castigos en el colegio: es que no los mereció”, confesó Manuel Terán sobre la ejemplaridad del padre de la Princesa de Asturias. Pero también hubo otros detalles que marcaron la diferencia durante aquella etapa en los años 80.
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María Teresa Esteban lo definía como una persona cuidadosa. “Empezaba a principio de curso con un bolígrafo y con el mismo llegaba al final. No era un chico destrozón. Eso le salía por temperamento”, expresó como recoge el libro indicado.
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La educación recibida también hizo mucho. “Además, había sido educado en la austeridad y se notaba: traía, por ejemplo, una cazadora corta que le sirvió para varios años”, explicó dicha profesora sobre ese carácter siendo tan joven.
Su pasión por el fútbol
Los niños de aquella edad contaban con diferentes aficiones que podían llevar a cabo en el propio colegio. Sus profesoras recordaban la timidez tan inherente en la personalidad del entonces príncipe Felipe. Sin embargo, le encantaba realizar diferentes representaciones de obras de teatro. Aunque no era lo único.

Su profesora Carmen Jiménez habló de su pasión por uno de los deportes más solicitados. “Le gustaba mucho jugar al fútbol. En cuanto podía, estaba dando patadas en el patio con los demás”, explicó la maestra a este respecto.
Sin embargo, Jiménez dejó claro que en ningún caso sentía atracción por la competición directa. De hecho, confesó que su posición en el campo era de defensa para evitar fallar un gol como delantero. Esta pasión por el fútbol se ha mantenido intacta con el paso de los años, como hemos podido ver con su presencia en determinados encuentros deportivos.
La petición del emérito
Las notas que sacaba Felipe eran bastante buenas, pero llegó un momento en que todo cambió. Se trataba del año 1983 que empezó a aparecer una pereza poco usual en el monarca, traducida en un desinterés académico. La situación llegó a tal punto que el rey Juan Carlos I se vio obligado a intervenir, pidiéndole ayuda a uno de los profesores para redirigir a su hijo.

“El rey me llamó un día por teléfono a casa, y me dijo: ‘Manolo, a ver si te ocupas de él, que ha entrado en una edad que ya no me hace ni caso. Ocúpate de él, porque yo creo que está llegando tarde. A ver si le aprietas en la Física’”, destapó Terán sobre su conversación con el emérito.
Terán tuvo que intervenir ante esta petición. “Incluso traté de reñirle. Él no se lo tomó a mal. Se rio y prometió que llegaría pronto al colegio”, desveló sobre su conversación con Felipe para remediar aquella situación tan atípica en un alumno ejemplar.
El espejo de la reina Sofía
Julio Antón fue una de las grandes personas que acompañaron a Felipe en esta etapa estudiantil y que tanto marcó al entonces Príncipe de Asturias. Fue su preceptor, pero también asistió a la recepción en el Palacio real con motivo de la proclamación de Felipe como Rey de España. Allí se deshizo en elogios hacia el que fue su pupilo.

“Don Felipe es el espejo de doña Sofía. No tiene la elegancia de su padre, pero sí la discreción y la prudencia de su madre”, declaró el profesor. No obstante, también destacó que estaba curtido para reinar y llevar al país hacia adelante.