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URIBISMO BAJO SOSPECHA GLOBAL: FALSOS POSITIVOS, NARCOPODER Y GUERRA SUCIA PARA TORCER LAS ELECCIONES EN COLOMBIA.HH

Colombia vuelve a situarse en el epicentro de la tensión política en América Latina.

A medida que se acercan las elecciones presidenciales, el ambiente se enrarece con denuncias de injerencias extranjeras, operaciones mediáticas cuestionables y una creciente polarización que revive los episodios más oscuros de su historia reciente.

El ascenso en las encuestas de Iván Cepeda no solo ha reconfigurado el tablero político, sino que ha activado una serie de reacciones que muchos analistas interpretan como señales de alarma.

La pregunta ya no es únicamente quién ganará las elecciones, sino bajo qué condiciones se desarrollará el proceso democrático.

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El ascenso de Cepeda: un fenómeno político incómodo

 

Los últimos sondeos muestran un crecimiento sostenido de Iván Cepeda, quien ha logrado consolidar el respaldo del Pacto Histórico y de diversos sectores progresistas. Este avance no es casual: responde a una articulación política que se fortaleció tras las elecciones legislativas y a una narrativa centrada en la memoria histórica, la justicia social y la paz.

Pero este crecimiento tiene un efecto colateral inmediato: activa resistencias en sectores tradicionales del poder.

En Colombia, liderar las encuestas no es solo una ventaja. A menudo, es también un riesgo.

El uribismo reacciona: poder, narrativa y control

 

 

El llamado “uribismo”, corriente política asociada al expresidente Álvaro Uribe, sigue siendo uno de los bloques más influyentes del país. Aunque ha perdido parte de su hegemonía, mantiene una capacidad significativa de movilización, influencia mediática y conexiones con estructuras de poder.

En este contexto, la campaña electoral ha comenzado a mostrar señales de lo que muchos califican como “guerra sucia”:

  • Cobertura mediática sesgada
  • Construcción de narrativas de miedo
  • Vinculación de adversarios con criminalidad o terrorismo
  • Uso intensivo de campañas digitales

El tratamiento visual en algunos medios ha generado polémica: mientras ciertos candidatos aparecen con iluminación favorable y encuadres positivos, otros son representados con imágenes más sombrías, lo que sugiere una manipulación sutil pero efectiva de la percepción pública.

Los “falsos positivos”: la herida que no cicatriza

 

 

Uno de los elementos más explosivos en el debate actual es el resurgimiento del tema de los “falsos positivos”. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ha actualizado las cifras, elevando el número de víctimas a más de 7.800 casos.

Este fenómeno —que consistía en presentar civiles asesinados como guerrilleros abatidos en combate— se convirtió en uno de los capítulos más oscuros del conflicto colombiano.

El impacto de estas cifras es devastador.

No se trata solo de números. Se trata de miles de familias, de una memoria colectiva herida y de una responsabilidad histórica que sigue siendo objeto de disputa política.

Cepeda ha colocado este tema en el centro del debate, lo que incomoda profundamente a sectores vinculados al pasado reciente.

La estrategia del miedo: violencia y narrativa

 

 

A medida que avanza la campaña, se han reportado episodios de violencia que generan inquietud. Algunos analistas advierten sobre la posibilidad de atentados o acciones diseñadas para influir en la opinión pública.

En este contexto, emerge una hipótesis delicada: el uso de eventos violentos para justificar discursos de “mano dura” y reforzar candidaturas asociadas a la seguridad extrema.

Esta estrategia no es nueva en la región.

El miedo, cuando se instala, puede transformar elecciones.

La dimensión internacional: ¿injerencia o coincidencia?

Uno de los aspectos más controvertidos es la posible influencia externa en el proceso electoral colombiano.

Diversos informes y filtraciones han señalado:

  • Supuestos vínculos entre actores políticos y gobiernos extranjeros
  • Denuncias sobre financiación indirecta
  • Intereses geopolíticos en el resultado electoral

Particularmente polémica es la relación entre figuras políticas colombianas y líderes internacionales, así como la aparición de reuniones que inicialmente fueron negadas y posteriormente documentadas.

Estas conexiones alimentan la percepción de que Colombia no está jugando solo un partido interno, sino una partida dentro de un tablero global.

Medios, narrativa y manipulación

 

 

El papel de los medios de comunicación ha sido objeto de intenso debate. En contextos polarizados, la línea entre información y propaganda puede volverse difusa.

Algunas prácticas señaladas incluyen:

  • Selección parcial de información
  • Enfoques narrativos que favorecen a determinados candidatos
  • Invisibilización de temas incómodos
  • Amplificación de escándalos selectivos

En la era digital, esta dinámica se amplifica a través de redes sociales, donde la desinformación puede propagarse con rapidez y eficacia.

Paramilitarismo, narcotráfico y poder

 

 

Otro eje crítico del análisis es la persistente relación entre estructuras ilegales y poder político. Aunque el país ha avanzado en procesos de paz y desmovilización, múltiples informes sugieren que estas redes no han desaparecido por completo.

El vínculo entre narcotráfico, paramilitarismo y sectores políticos sigue siendo un tema sensible.

Y en campaña electoral, estos factores pueden convertirse en herramientas de presión, financiación o desestabilización.

Estados Unidos y el factor geopolítico

 

 

La influencia de Estados Unidos en América Latina es un elemento histórico que vuelve a estar en el centro del debate.

Algunos informes recientes han generado controversia al sugerir:

  • Compra de recursos provenientes de zonas controladas por grupos ilegales
  • Intereses estratégicos en sectores como minería y energía
  • Participación indirecta en dinámicas internas

Si bien estas afirmaciones requieren verificación rigurosa, su circulación en el debate público contribuye a un clima de desconfianza.

Una democracia en tensión

 

 

Colombia enfrenta una paradoja compleja.

Por un lado, ha logrado avances significativos en institucionalidad democrática.
Por otro, arrastra una historia de violencia política, desigualdad y conflictos estructurales.

Las elecciones actuales condensan todas esas tensiones.

¿Qué está realmente en juego?

 

 

Más allá de los nombres y los partidos, lo que está en juego es:

  • La credibilidad del sistema electoral
  • La capacidad del Estado para garantizar condiciones justas
  • El futuro del modelo político y económico
  • La memoria histórica y la justicia

Cada uno de estos elementos convierte las elecciones en un punto de inflexión.

El papel de la ciudadanía

 

 

En este contexto, el rol de la ciudadanía es fundamental.

La participación informada, el pensamiento crítico y la vigilancia democrática son herramientas clave para contrarrestar posibles distorsiones del proceso.

La historia reciente demuestra que, incluso en escenarios adversos, la movilización ciudadana puede marcar la diferencia.

Entre la incertidumbre y la resistencia democrática

Colombia se encuentra ante una elección decisiva.

Las denuncias de injerencias, las tensiones políticas y los recuerdos de un pasado conflictivo crean un escenario cargado de incertidumbre.

Pero también existe una oportunidad.

La oportunidad de fortalecer la democracia, de enfrentar las deudas históricas y de construir un futuro más transparente.

El desenlace aún está abierto.

Y, como tantas veces en la historia colombiana, todo dependerá no solo de quienes compiten por el poder, sino de cómo el país en su conjunto decide ejercer su derecho a elegir.