Los WhatsApps de Mazón, la sombra de Feijóo y la pregunta que vuelve a perseguir la gestión de la DANA
La tragedia de la DANA que golpeó a la Comunitat Valenciana no ha terminado de abandonar el debate público español.
Aunque han pasado meses desde aquella jornada devastadora que dejó centenares de víctimas, enormes pérdidas materiales y una profunda conmoción social, las preguntas sobre la gestión política de la emergencia siguen abiertas.
Cada nueva revelación, cada documento incorporado a la investigación y cada testimonio conocido vuelven a situar el foco sobre quienes tenían la responsabilidad de tomar decisiones cuando la situación comenzó a descontrolarse.
Ahora, la publicación de los mensajes intercambiados en el grupo de WhatsApp del Consell ha reactivado una controversia que parecía lejos de cerrarse. Lo que inicialmente parecía una simple reconstrucción cronológica de los acontecimientos ha terminado convirtiéndose en un elemento de enorme relevancia política.
Los mensajes permiten observar cómo se desarrollaron algunas comunicaciones internas durante las horas decisivas de la emergencia y ofrecen una imagen mucho más precisa de lo que ocurría dentro del Gobierno valenciano mientras las lluvias torrenciales avanzaban y el riesgo aumentaba en distintos municipios.
Las conversaciones conocidas muestran a un Carlos Mazón activo durante buena parte de la mañana. Lejos de la imagen de un presidente completamente ajeno a los acontecimientos, los mensajes reflejan a un dirigente que solicita información, pide actualizaciones constantes y da instrucciones relacionadas con la gestión institucional y la comunicación pública.
Durante esas primeras horas, el entonces presidente de la Generalitat aparece siguiendo la evolución de la situación, interesado por los datos que llegan desde diferentes departamentos y pendiente de cómo se estaba trasladando la información a la ciudadanía.
Sin embargo, precisamente esa actividad inicial es la que ha terminado generando nuevas dudas.
Porque si algo muestran los WhatsApps es que Mazón sabía que la situación requería atención política desde muy temprano. Los mensajes revelan que estaba informado, que conocía la evolución del temporal y que entendía la necesidad de coordinar respuestas desde distintos ámbitos de la administración autonómica. La cuestión que emerge ahora no es si conocía la gravedad potencial de la situación, sino qué ocurrió después.
A medida que avanzan las horas y la emergencia se agrava, la presencia del presidente en las conversaciones disminuye de manera llamativa. Los avisos continúan llegando. Las incidencias aumentan.
Los responsables autonómicos intercambian información sobre carreteras afectadas, centros públicos comprometidos, infraestructuras dañadas y riesgos crecientes en distintas zonas de la Comunitat Valenciana. Pero el papel de Mazón se vuelve cada vez menos visible.
Ese contraste entre actividad inicial y silencio posterior constituye uno de los elementos más delicados de toda la polémica.
La razón es sencilla. En una situación de emergencia, la ciudadanía espera que quienes ocupan las máximas responsabilidades políticas mantengan una dirección constante de la respuesta institucional. No basta con recibir información. No basta con estar al tanto de los acontecimientos. Se espera liderazgo, coordinación y capacidad de reacción.
Por eso los mensajes han generado tanto impacto.
No porque demuestren por sí mismos una actuación irregular, sino porque alimentan una pregunta que lleva meses acompañando a la investigación: ¿quién estaba realmente dirigiendo la respuesta cuando la situación alcanzó sus momentos más críticos?
La controversia adquirió una nueva dimensión cuando la periodista Silvia Intxaurrondo estableció una conexión política que rápidamente se convirtió en uno de los asuntos más comentados del debate público.
Durante su análisis, la presentadora puso el foco sobre dos elementos que, en apariencia, pertenecían a ámbitos distintos pero que juntos ofrecían una lectura especialmente incómoda para el Partido Popular.
Por un lado, recordó las explicaciones dadas posteriormente por Alberto Núñez Feijóo sobre los mecanismos de coordinación de emergencias y el papel del CECOPI. Por otro, recuperó un mensaje enviado por el líder nacional del PP a Mazón durante aquella jornada.

La frase era breve.
Pero su contenido resultó explosivo.
“Lleva la iniciativa en la comunicación. Es la clave”.
A partir de ahí, Intxaurrondo formuló una reflexión que rápidamente comenzó a circular por redes sociales, programas de televisión y espacios de análisis político.
Según su interpretación, existía una coincidencia llamativa entre la preocupación comunicativa que reflejaban los mensajes de Mazón y el consejo trasladado por Feijóo.
La observación abrió un nuevo frente de debate.
Porque comunicar durante una emergencia es una obligación institucional. Los ciudadanos necesitan información rápida, fiable y clara. Sin comunicación pública resulta imposible coordinar respuestas eficaces, emitir alertas o trasladar instrucciones de seguridad.
Sin embargo, la cuestión planteada por Intxaurrondo era otra.
¿Puede llegar un momento en el que la preocupación por controlar el relato termine eclipsando la propia gestión?
Esa pregunta ha acompañado históricamente a numerosas crisis políticas.
Sucede durante catástrofes naturales.
Sucede durante accidentes de gran impacto.
Sucede durante pandemias.
Y sucede siempre que los gobiernos se enfrentan al desafío de gestionar simultáneamente una emergencia real y una enorme presión mediática.
En el caso valenciano, la polémica gira especialmente alrededor de una expresión concreta utilizada por Mazón en uno de los mensajes internos.
La instrucción de “inundar de datos” a los medios ha adquirido una enorme carga simbólica.
Para sus defensores, puede interpretarse como una recomendación razonable destinada a mantener informada a la población.
Para sus críticos, refleja una prioridad excesivamente centrada en la imagen pública cuando la situación comenzaba a deteriorarse rápidamente.
La diferencia entre ambas interpretaciones es enorme.
Y precisamente por eso la frase se ha convertido en uno de los símbolos de toda la controversia.
Lo relevante no es únicamente el contenido literal del mensaje.
Lo importante es lo que representa dentro del relato político posterior.
Porque cada nueva información conocida obliga a reconstruir minuto a minuto lo que ocurrió aquel día.
Quién sabía qué.
Quién tomó decisiones.
Quién recibió advertencias.
Quién tenía capacidad para actuar.
Y quién dejó de hacerlo.
La aparición de los WhatsApps también ha vuelto a colocar bajo los focos uno de los episodios más controvertidos de aquella jornada: la reunión mantenida por Mazón en el restaurante El Ventorro mientras la emergencia evolucionaba.
Desde el principio, ese encuentro generó preguntas incómodas.
No tanto por la existencia de la reunión en sí misma, sino por el contexto en el que se produjo.
Las agendas políticas están llenas de encuentros, comidas de trabajo y reuniones informales. Pero cuando una catástrofe natural acaba provocando centenares de víctimas, cualquier ausencia durante las horas decisivas adquiere inevitablemente una relevancia distinta.
Las familias afectadas llevan meses reclamando explicaciones.
No buscan únicamente responsabilidades políticas.
Buscan reconstruir una secuencia de hechos que permita entender qué ocurrió exactamente.
Porque detrás de cada decisión administrativa existen consecuencias humanas.
Detrás de cada retraso puede existir una oportunidad perdida.
Y detrás de cada error puede haber personas que todavía esperan respuestas.
Ese es el motivo por el que el debate ha trascendido ampliamente las fronteras partidistas.
Aunque PP y PSOE han utilizado políticamente el caso, la cuestión de fondo va mucho más allá de la confrontación entre bloques.
La verdadera discusión afecta a la calidad de las instituciones democráticas cuando se enfrentan a situaciones extremas.
Toda emergencia plantea preguntas esenciales.
¿Funcionaron los sistemas de alerta?
¿Existió coordinación suficiente entre administraciones?
¿Se activaron los recursos necesarios en el momento adecuado?
¿Recibió la población información útil y comprensible?
¿Hubo liderazgo político real durante las horas más difíciles?
Los WhatsApps conocidos no responden definitivamente a todas esas cuestiones.
Pero sí aportan nuevas piezas a un rompecabezas que todavía está lejos de completarse.
La investigación judicial continúa avanzando.
Los testimonios siguen acumulándose.
Los documentos siguen apareciendo.
Y cada nueva revelación añade matices a una historia que continúa profundamente abierta.
Mientras tanto, la reflexión planteada por Silvia Intxaurrondo ha conseguido instalar una duda política especialmente incómoda para el Partido Popular.
No se trata únicamente de lo que hizo Mazón.
Se trata también del marco mental desde el que pudo afrontarse aquella jornada.
Si la prioridad era gestionar la emergencia o gestionar el relato.
Si la comunicación acompañaba a la acción o si, en determinados momentos, corría el riesgo de sustituirla.
Esa diferencia puede parecer sutil.
Pero resulta fundamental.
Porque las crisis ponen a prueba algo más importante que la capacidad de comunicar.
Ponen a prueba la capacidad de gobernar.
Y cuando una tragedia deja centenares de víctimas, la sociedad tiene derecho a examinar con detalle cada decisión, cada mensaje y cada silencio.
Por eso la publicación de estos WhatsApps no cierra ninguna discusión.
Al contrario.
La reabre.
Y lo hace alrededor de una pregunta que sigue persiguiendo a los responsables políticos desde aquel día.
Una pregunta que todavía espera una respuesta convincente.
¿Qué ocurrió realmente durante las horas en las que la Comunitat Valenciana más necesitaba que sus instituciones estuvieran plenamente al mando?