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“SI NO VAN A AYUDAR, QUE NO MOLESTEN”: EL MENSAJE QUE HUNDE A FEIJÓO TRAS SU ATAQUE EN PLENA CRISIS SANITARIA.HH

La nueva crisis sanitaria relacionada con el llamado “antavirus” ha terminado convirtiéndose en un auténtico campo de batalla político en España. Pero lo que parecía una oportunidad perfecta para que la oposición golpeara al Gobierno de Pedro Sánchez ha acabado transformándose, según numerosos analistas y voces progresistas, en un nuevo ejemplo de alarmismo, oportunismo político y desinformación impulsada desde la derecha mediática y política.

En el centro de la polémica aparecen dos nombres constantemente señalados durante las últimas horas: Alberto Núñez Feijóo y Ana Rosa Quintana.

Mientras expertos sanitarios, epidemiólogos y autoridades internacionales insistían en transmitir calma, coordinación y confianza en los protocolos médicos, parte de la oposición y determinados medios comenzaron a alimentar un relato de caos, improvisación y supuesto abandono institucional que terminó chocando frontalmente con los mensajes de la comunidad científica.

Y la sensación que quedó tras horas de debates televisivos fue demoledora para la derecha:

el intento de convertir una alerta sanitaria en un arma política no salió como esperaban.

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“El PP vuelve a hacer política con el miedo”

Las primeras críticas contra Feijóo llegaron precisamente desde sectores que consideran especialmente grave utilizar una situación sanitaria para desgastar al Gobierno.

Durante las intervenciones televisivas más comentadas del día, varios analistas acusaron al Partido Popular de repetir exactamente la misma estrategia utilizada en otras crisis recientes:

  • generar alarma,
  • cuestionar la gestión científica,
  • insinuar ocultación de información,
  • y alimentar la sensación de descontrol institucional.

Uno de los comentarios más duros resumió el sentir de muchos tertulianos progresistas:

“Cuando todo el mundo se está poniendo en manos de la ciencia, llega Feijóo buscando otro conflicto político.”

La crítica iba más allá de la simple confrontación parlamentaria.

Lo que se denunciaba era un supuesto intento deliberado de utilizar el miedo social como herramienta electoral.

La ciencia pide calma… mientras la política grita caos

Mientras el debate político se incendiaba, los expertos sanitarios mantenían un mensaje radicalmente distinto.

El epidemiólogo Alfredo Corell insistía repetidamente en una palabra:
tranquilidad.

Según explicó, el escenario seguía bajo control y el sistema sanitario estaba funcionando exactamente como debía funcionar.

El rastreo epidemiológico continuaba operativo.

Los protocolos de cuarentena se estaban aplicando.

Los contactos estaban identificados.

Y el riesgo para la población general seguía siendo bajo.

A esa línea se sumó también Rafael Bengoa, quien defendió que precisamente la detección de algunos casos aislados demostraba que los mecanismos de control estaban funcionando correctamente.

Lejos del dramatismo político, Bengoa insistía en que España dispone de infraestructura sanitaria suficiente para gestionar posibles contagios.

Pero mientras los científicos hablaban de control, prevención y protocolos, parte del ecosistema mediático conservador empujaba en dirección contraria.

El barco convertido en símbolo político

Gran parte del ruido mediático giró alrededor del barco donde permanecían varios pasajeros españoles asintomáticos pendientes de evacuación y cuarentena.

Desde el Gobierno se insistió continuamente en algo muy concreto:
no se trataba de enfermos graves ni de pacientes críticos.

Se trataba de compatriotas asintomáticos sometidos a medidas preventivas.

Sin embargo, algunos discursos políticos y mediáticos empezaron a construir una narrativa casi apocalíptica alrededor de la situación.

Programas y tertulias conservadoras comenzaron a lanzar preguntas alarmistas:

  • ¿Dónde atracará el barco?
  • ¿Quién limpiará el buque?
  • ¿Qué países enviarán aviones?
  • ¿Por qué Cabo Verde rechazó acogerlo?
  • ¿Dónde está el Gobierno holandés?
  • ¿Está desaparecido Sánchez?

La acumulación de interrogantes terminó generando una atmósfera de incertidumbre que contrastaba enormemente con la calma transmitida por los especialistas sanitarios.

“Sánchez desaparecido”: el relato que intentó instalar el PP

Uno de los grandes ejes de ataque del Partido Popular fue acusar a Pedro Sánchez de estar “desaparecido” durante la crisis.

Desde el entorno conservador se repitió constantemente que el presidente no había comparecido suficientemente ni explicado personalmente la situación.

Pero las críticas recibieron una respuesta inmediata desde el Gobierno y desde sectores progresistas.

Recordaron que la gestión sanitaria estaba siendo liderada por:

  • el Ministerio de Sanidad,
  • expertos técnicos,
  • autoridades epidemiológicas,
  • y organismos internacionales.

Es decir, exactamente como debe funcionar una crisis de salud pública.

Muchos analistas señalaron que intentar convertir cada alerta sanitaria en un espectáculo presidencial permanente puede ser precisamente uno de los errores más peligrosos.

Porque las crisis epidemiológicas no se gestionan con discursos emocionales.

Se gestionan con protocolos científicos.

Ana Rosa y la “máquina del alarmismo”

 

Ana Rosa, muy clara ante la posible salida de España de Eurovisión por  Israel: "Para quedar los últimos, ¿para qué vamos?"

El nombre de Ana Rosa Quintana apareció constantemente asociado a la cobertura más alarmista del asunto.

Sus programas y tertulias fueron acusados por sectores progresistas de contribuir a una atmósfera de dramatización excesiva.

Las críticas se centraron especialmente en:

  • titulares catastrofistas,
  • insinuaciones de ocultación,
  • y comparaciones constantes con anteriores crisis sanitarias.

Algunos comentaristas ironizaron incluso con el regreso del “viejo lenguaje pandémico”:

  • “resistiremos”,
  • “saldremos mejores”,
  • “estado de alarma emocional”.

Uno de los comentarios más virales de la jornada resumía el hartazgo de muchos espectadores:

“España lleva tantos ‘saldremos mejores’ acumulados que acabaremos convertidos en seres de luz.”

La frase se convirtió rápidamente en símbolo del rechazo de parte de la audiencia al tono melodramático utilizado por algunos medios.

El Gobierno intenta blindarse con los expertos

Frente al ruido político, el Ejecutivo optó por una estrategia muy clara:
dar protagonismo absoluto a los especialistas.

Cada comparecencia insistía en los mismos mensajes:

  • tranquilidad,
  • coordinación,
  • confianza en la OMS,
  • y cumplimiento estricto de los protocolos internacionales.

Incluso desde el Gobierno se pidió explícitamente evitar:

  • bulos,
  • desinformación,
  • y mensajes alarmistas.

La ministra de Sanidad defendió que todas las decisiones estaban avaladas tanto por la Comisión de Salud Pública como por las autoridades judiciales correspondientes.

Además, se confirmó que los pasajeros españoles serían trasladados al Hospital Gómez Ulla para cumplir cuarentena preventiva bajo supervisión médica.

Canarias, convertida otra vez en epicentro político

Otro de los grandes focos de tensión fue el papel de Canarias.

Desde sectores conservadores se acusó al Gobierno de no informar suficientemente a las autoridades canarias.

Sin embargo, responsables técnicos y sanitarios desmintieron públicamente cualquier conflicto institucional serio.

De hecho, varias voces insistieron en agradecer expresamente la colaboración del Gobierno canario.

El mensaje era claro:
la coordinación entre administraciones estaba funcionando.

Pero políticamente, Canarias volvió a convertirse en terreno perfecto para la confrontación.

La oposición intentó explotar el miedo histórico del archipiélago a convertirse en “frontera de todos los problemas europeos”, mezclando en algunos discursos:

  • inmigración,
  • crisis sanitarias,
  • gestión marítima,
  • y abandono estatal.

“La derecha quería otro COVID político”

Muchos analistas progresistas fueron todavía más lejos y acusaron directamente a ciertos sectores mediáticos y políticos de intentar recrear el clima emocional de la pandemia.

Según esta interpretación, algunos dirigentes conservadores buscaban:

  • sembrar incertidumbre,
  • cuestionar al Gobierno,
  • y construir un relato de caos institucional.

Pero el problema para esa estrategia era uno fundamental:
los expertos no estaban acompañando el alarmismo.

Y cuando epidemiólogos, inmunólogos y exresponsables de la OMS salen públicamente a pedir tranquilidad, el discurso del miedo pierde gran parte de su fuerza.

Por eso varios tertulianos comenzaron a hablar abiertamente de un “golpe fallido”.

Feijóo, atrapado entre la oposición y la responsabilidad

El apagón y los aranceles ponen a Feijóo en el disparadero: ruido en Génova  con el congreso de fondo

La situación dejó también una imagen incómoda para Alberto Núñez Feijóo.

Porque mientras intentaba endurecer el discurso contra Sánchez, parte de la opinión pública empezó a percibir cierta contradicción:

  • exigir responsabilidad institucional,
  • mientras simultáneamente se alimentaba el dramatismo político.

Varios comentaristas señalaron además que España arrastra todavía el recuerdo traumático de la pandemia, por lo que amplios sectores sociales rechazan frontalmente cualquier intento de utilizar el miedo sanitario como arma partidista.

Y ahí, según sus críticos, el PP volvió a cometer un error estratégico enorme.

“No molesten si no van a ayudar”

Una de las frases más repetidas por voces progresistas durante toda la jornada terminó convirtiéndose en un auténtico resumen político del debate:

“Si no van a ayudar, por lo menos no molesten.”

La frase reflejaba la irritación creciente de quienes consideran que determinadas derechas mediáticas viven permanentemente instaladas en la lógica del conflicto continuo.

Según esta visión, cualquier situación:

  • sanitaria,
  • climática,
  • económica,
  • o internacional,
    acaba convertida automáticamente en una oportunidad de desgaste político.

Y eso, advertían varios analistas, puede terminar teniendo consecuencias muy graves en situaciones donde la confianza pública resulta esencial.

El choque entre ciencia y espectáculo político

 

En realidad, todo el debate terminó revelando un conflicto mucho más profundo.

No solo se discutía la gestión de una alerta sanitaria.

También se enfrentaban dos maneras completamente distintas de comunicar una crisis.

Por un lado:

  • científicos,
  • epidemiólogos,
  • técnicos sanitarios,
  • y organismos internacionales,
    intentando transmitir calma racional.

Por otro:

  • tertulias incendiarias,
  • titulares catastrofistas,
  • y discursos políticos diseñados para generar impacto emocional inmediato.

Y en medio de ese choque, gran parte de la ciudadanía parece cada vez más cansada de la política del sobresalto permanente.

Porque después de años de pandemias, polarización y crisis encadenadas, muchos españoles parecen haber llegado a una conclusión muy simple:

cuando la ciencia pide calma y la política grita pánico, probablemente alguien está intentando sacar rédito del miedo.