El presentador más incómodo de España carga contra jueces, corrupción, violencia política y la “impunidad” del PP: “Pagan prostitutas, saquean dinero público… y no pasa nada”
Durante más de dos décadas, El Gran Wyoming ha sido una de las voces más incómodas para la derecha española.
Pero pocas veces se le había visto hablar con tanta crudeza, tanta rabia y tanta sensación de hartazgo como en esta explosiva conversación donde dispara contra el fascismo, la corrupción, la judicatura, la violencia política y el deterioro democrático que, según él, atraviesa España.

Lejos del tono humorístico que lo convirtió en icono televisivo gracias a El Intermedio, Wyoming apareció aquí sin filtros. Directo. Descarnado. Incluso confesional. Habló de las palizas policiales durante el franquismo, de agresiones recientes sufridas por la calle, de amenazas, del miedo creciente y de cómo, según él, la extrema derecha ha contaminado completamente el clima político español.
Y lo hizo dejando frases demoledoras.
“España se ha fascistizado radicalmente”, aseguró.
“Si llevas una chapa del PP, a lo mejor te libras”.
“Han introducido la violencia en la calle”.
“Pagan prostitutas con dinero público y eso no abre informativos”.
Las declaraciones han provocado un terremoto político y mediático.
“Yo no me hice más de izquierdas… España se movió hacia el fascismo”
Wyoming comenzó recordando el momento exacto en que despertó políticamente. Tenía apenas 17 años y acababa de entrar en la facultad de Medicina. Lo que vio le marcó para siempre.
Policías armados con ametralladoras custodiando cada columna de la universidad. Un ambiente de represión. Miedo. Control absoluto.
Hasta entonces, asegura, había vivido prácticamente desconectado de la política. Venía de una familia donde la Guerra Civil apenas se hablaba y donde no existía una conciencia ideológica fuerte. Pero aquel día algo cambió.
“No era que yo me hiciera de izquierdas. Es que España se ha movido hacia la derecha mientras yo me quedé quieto”, explicó.
La frase resume perfectamente el núcleo de todo su discurso: la idea de que el país ha normalizado posiciones extremas hasta el punto de convertir en “radical” a cualquiera que simplemente defienda valores democráticos básicos.
El relato brutal de la paliza policial que casi le cambia la vida
Uno de los momentos más impactantes de la entrevista llegó cuando recordó cómo fue brutalmente golpeado por policías durante la Transición.
Todo ocurrió el día del entierro de los abogados de Matanza de Atocha. Wyoming regresaba de unos días en la playa, ajeno incluso a los asesinatos. Llevaba el pelo largo, aspecto hippie y caminaba por Madrid cuando un jeep policial se detuvo frente a él.
“¿Tú qué eres, un hombre o una mujer?”, le preguntaron.
No respondió. Y aquello bastó.
Lo arrastraron del pelo. Lo tiraron al suelo. Lo golpearon salvajemente hasta dejarlo inconsciente.
“Pensé: tengo que hacerme terrorista”, confesó.
Después rectificó. Dijo que con los días la rabia se enfrió. Pero la escena quedó grabada para siempre.
El relato estremeció incluso al entrevistador. Porque Wyoming no hablaba como una celebridad televisiva. Hablaba como alguien que sintió el miedo real de una dictadura.
“La derecha ha metido la violencia en la calle”
Pero lo más grave llegó después. Porque Wyoming asegura que aquello no pertenece solo al pasado.
Según explicó, en los últimos años ha sufrido insultos constantes, amenazas e incluso agresiones físicas por la calle debido a su posición política.
Confesó que tres hombres lo golpearon recientemente mientras lo insultaban llamándolo “rojo hijo de puta”. Dijo que ocultó la agresión públicamente porque no quería convertirse en víctima mediática.
También relató escenas surrealistas en restaurantes donde personas mayores se acercaban a increparlo delante de sus hijos mientras los camareros miraban hacia otro lado.
“Esto no me había pasado nunca en 40 años de televisión”, aseguró.
Y entonces lanzó una acusación explosiva:
“La derecha que gobierna con la extrema derecha ha introducido la violencia en la calle”.
Para Wyoming, el problema no son solo los radicales. El verdadero peligro, sostiene, es la legitimación institucional del odio político.
“PP y Vox son lo mismo”
En uno de los fragmentos más incendiarios, el presentador destruyó cualquier intento de diferenciar al Partido Popular de Vox.
Usó una metáfora demoledora:
“Si echas una guindilla potentísima en un guiso, todo pica”.
Según Wyoming, en el momento en que el fascismo entra en una coalición política, toda la estructura queda contaminada.
Recordó además que Santiago Abascal nació políticamente dentro del PP y jamás fue rechazado por sus dirigentes hasta que decidió crear su propio partido.
Por eso cree que la frontera entre ambas formaciones es artificial.
“No puedes hacer política democrática con un partido que no es democrático ni de coña”, sentenció.
La sanidad pública: “La están destruyendo delante de nuestras narices”
Otro de los grandes temas fue la sanidad pública española, asunto especialmente sensible para Wyoming por su formación médica.
Ahí abandonó el sarcasmo y habló con auténtica preocupación.

Dijo no entender cómo millones de personas siguen votando a quienes, según él, están desmantelando uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.
Recordó casos de cáncer tratados gratuitamente en España que en otros países, como Estados Unidos, arruinan económicamente a familias enteras.
“La gente no tiene ni puta idea de lo que nos estamos jugando”, afirmó.
Su indignación aumentó al hablar de las listas de espera, la privatización y el trasvase de dinero público hacia empresas privadas.
“Están cogiendo el dinero de la sanidad pública y metiéndolo en la privada”, denunció.
Y lanzó una pregunta demoledora:
“¿Cómo es posible que la gente vote a quienes destruyen la sanidad?”
“La izquierda paga caro sus errores… la derecha no”
El tramo más polémico llegó al hablar de corrupción política.
Wyoming reconoció que los casos relacionados con José Luis Ábalos y el llamado “caso Koldo” son gravísimos y defendió que los responsables deben acabar en prisión si se demuestra culpabilidad.
Pero inmediatamente comparó el tratamiento mediático y judicial recibido por esos escándalos con el que, según él, han recibido históricamente los grandes casos de corrupción vinculados al PP.
Ahí explotó.
“Hay una lista larguísima de dirigentes del PP condenados por pagar prostitutas con tarjetas públicas. ¿Cuándo se abrió eso en los informativos?”
La frase incendió las redes.
Wyoming sostuvo que existe una doble vara de medir donde la corrupción asociada a la izquierda se convierte en espectáculo nacional mientras los escándalos históricos de la derecha terminan diluidos o minimizados.
Y fue todavía más lejos al mencionar a Mariano Rajoy.
Criticó duramente la actitud de algunos jueces durante sus comparecencias judiciales y recordó el famoso mensaje de “Luis, sé fuerte”.
“Un juez normal le habría exigido respeto a la sala”, dijo indignado.
“Los jueces también tienen ideología”
El presentador negó que toda la judicatura sea de derechas, pero sí denunció la existencia de sectores profundamente ideologizados dentro del sistema judicial.
Criticó especialmente a aquellos magistrados que participan públicamente en discursos políticos extremistas y luego pretenden separar sus opiniones personales de su función judicial.
“No se convierten en superhéroes cuando se ponen la toga”, ironizó.
Para Wyoming, el problema es estructural: una parte de las instituciones habría normalizado posiciones ultraconservadoras mientras se presenta a sí misma como neutral.
Del Opus Dei a icono progresista: la transformación más inesperada
Uno de los momentos más sorprendentes fue cuando recordó su infancia dentro de ambientes ultracatólicos y franquistas.
Sí. Wyoming confesó haber pasado por la Falange Española y por círculos vinculados al Opus Dei.
Pero no por ideología profunda, sino porque aquello ofrecía a los niños actividades, excursiones y recursos que resultaban irresistibles.
Contó incluso cómo estuvo a punto de acabar completamente integrado en estructuras del Opus hasta que dejó de sacar buenas notas y perdió el interés de quienes lo captaban.
“A mí me echaron por inútil”, bromeó.
Sin embargo, detrás de la anécdota se escondía algo más inquietante: el relato de cómo ciertas organizaciones detectaban y reclutaban jóvenes prometedores desde edades muy tempranas.
“Si yo hiciera lo mismo que Esperanza Aguirre, no volvería a trabajar”
Wyoming también arremetió contra Esperanza Aguirre, a quien acusa de haber contribuido decisivamente a degradar el clima político español.
Recordó episodios de tensión frente a la sede del PSOE en Ferraz y denunció que ciertas figuras públicas reciben una permisividad institucional que jamás tendría alguien identificado con la izquierda.
“Si yo hago eso, no vuelvo a trabajar en televisión en mi puta vida”, afirmó.
Según él, existe una doble moral evidente dependiendo de quién protagonice los hechos.
El miedo silencioso de muchos comunicadores
Quizá lo más inquietante de toda la conversación fue la sensación constante de agotamiento.
Wyoming habló de periodistas y comunicadores que, según él, lo están pasando realmente mal por la presión política y social.
Mencionó a Iñaki Gabilondo como ejemplo de alguien profundamente afectado por el clima de odio actual.
Aseguró que muchos profesionales sienten que la crispación ya no se queda en televisión ni en redes sociales, sino que ha saltado directamente a la vida cotidiana.
Y ahí dejó otra frase demoledora:
“Cuando llamas hijo de puta al presidente del Gobierno en el Congreso… ¿qué hace la gente que te sigue?”
Un discurso que incendia España
Las declaraciones de Wyoming han provocado reacciones furiosas desde sectores conservadores, donde lo acusan de victimismo, sectarismo y manipulación ideológica.
Pero también han generado un enorme respaldo en redes sociales entre quienes consideran que el presentador simplemente ha verbalizado un miedo que mucha gente ya siente.
Porque más allá de compartir o no sus ideas, la entrevista dejó algo claro: el clima político español atraviesa uno de sus momentos más tensos y polarizados de las últimas décadas.
Y Wyoming decidió no callarse.
Ni suavizar una sola palabra.
El resultado fue una auténtica bomba mediática.