La tormenta política que sacude España acaba de entrar en una dimensión todavía más explosiva. Lo que comenzó como una investigación judicial sobre el rescate de Plus Ultra se está transformando, a ojos de una parte de la izquierda española, en la prueba de una supuesta operación internacional destinada a destruir políticamente a José Luis Rodríguez Zapatero y golpear al Gobierno de Pedro Sánchez.
Y ahora aparece un nuevo elemento que incendia aún más el escenario:
la conexión entre la Fiscalía estadounidense, la organización ultraconservadora Hazte Oír y las investigaciones impulsadas desde Estados Unidos.
Las revelaciones han provocado un terremoto político porque alimentan una teoría que hasta hace pocas semanas parecía marginal: que determinados sectores de la derecha española e internacional estarían colaborando para fabricar una ofensiva judicial y mediática contra el bloque progresista español utilizando el caso Plus Ultra como detonante.
El debate ya no gira únicamente sobre si existieron irregularidades financieras o tráfico de influencias.
La discusión ahora es mucho más grave:
¿estamos ante una investigación legítima o ante una operación política internacional?
Las grabaciones que cambiaron el tablero
Todo el caso gira alrededor de unas extracciones telefónicas realizadas sobre el dispositivo móvil de Rodolfo Reyes Rojas, uno de los accionistas vinculados a Plus Ultra.
Según se ha revelado públicamente, dichas extracciones habrían sido obtenidas por Homeland Security Investigations, organismo perteneciente al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Y ahí comienza el gran escándalo.

Porque desde sectores progresistas se denuncia que esas grabaciones o extracciones se realizaron sin autorización judicial española y terminaron alimentando una investigación que ha acabado colocando a un expresidente del Gobierno en el centro de una causa por tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
La gravedad política del asunto aumenta todavía más cuando desde algunos sectores se afirma que la propia administración estadounidense habría reconocido que la información fue obtenida en territorio norteamericano y posteriormente entregada a las autoridades españolas dentro de un marco de cooperación internacional.
Pero para la izquierda, esa explicación no disipa las sospechas.
Las multiplica.
“Una injerencia internacional”
Las declaraciones de dirigentes de Izquierda Unida y otros sectores progresistas han sido demoledoras.
Sostienen que Estados Unidos lleva años utilizando investigaciones financieras internacionales vinculadas a países como Venezuela, Irán o Rusia como herramientas de presión geopolítica.
Y ahora creen que España podría haberse convertido en un nuevo escenario de esa estrategia.
La acusación es durísima:
utilizar investigaciones judiciales y mecanismos de cooperación internacional para desestabilizar gobiernos incómodos.
En este caso, un gobierno progresista aliado históricamente con sectores de la izquierda latinoamericana.
Las sospechas se disparan todavía más cuando se recuerda el contexto político internacional:
Donald Trump mantiene una relación pésima con Pedro Sánchez.
La derecha estadounidense lleva años atacando a los gobiernos progresistas latinoamericanos.
Zapatero se convirtió durante la última década en uno de los grandes mediadores europeos en Venezuela.
Y Plus Ultra siempre estuvo rodeada de sospechas por sus conexiones con capital venezolano.
Todo empieza a encajar en una narrativa mucho más amplia.
Hazte Oír entra en escena
Pero el elemento que ha terminado de incendiar la situación es la aparición pública de Hazte Oír.
Porque según las informaciones conocidas, parte de la colaboración con la Fiscalía estadounidense habría arrancado tras una denuncia presentada en Nueva York por la organización ultraconservadora española.
Las imágenes difundidas muestran a representantes de Hazte Oír asegurando públicamente haber entregado documentación a fiscales estadounidenses para demostrar supuestos vínculos entre Zapatero, el PSOE y Nicolás Maduro.
Las declaraciones son contundentes.
Hablan de:
“crímenes fuera del territorio español”,
“relaciones con Maduro”,
y una ofensiva internacional destinada a que “el PSOE tenga que dar explicaciones”.
La repercusión política ha sido inmediata.
Porque para la izquierda esto supone una prueba clarísima de coordinación política internacional contra el Gobierno español.
La teoría del “objetivo Zapatero”
Cada vez más voces dentro del espacio progresista sostienen una idea central:
el verdadero objetivo no era Plus Ultra.
Era Zapatero.
¿Por qué?
Porque el expresidente sigue siendo una figura enormemente influyente dentro de la izquierda española y latinoamericana.
Aunque oficialmente esté retirado de la primera línea institucional, Zapatero continúa teniendo peso político real.
Especialmente desde la salida de José Luis Ábalos del núcleo duro socialista.
Muchos analistas consideran que el expresidente recuperó entonces una enorme capacidad de influencia dentro del PSOE y en la estrategia internacional del sanchismo.
Y eso lo habría convertido en un objetivo prioritario.
El papel internacional de Zapatero
Aquí aparece el elemento geopolítico que obsesiona a muchos analistas.
Zapatero no es simplemente un exdirigente nacional.
Durante más de diez años ha actuado como interlocutor informal entre el chavismo, Europa y diversos gobiernos occidentales.
Ha participado en procesos de mediación.
Ha mantenido contactos con dirigentes venezolanos.
Y se convirtió en una figura extremadamente incómoda tanto para la derecha española como para sectores radicalmente antichavistas de América Latina y Estados Unidos.
Por eso algunos comentaristas creen que destruir su credibilidad tendría consecuencias mucho más profundas que un simple escándalo nacional.
Sería romper uno de los últimos puentes políticos entre Europa y determinados gobiernos progresistas latinoamericanos.
“Quieren cortar el cordón umbilical”
Esa frase resume perfectamente la teoría que empieza a ganar fuerza en determinados sectores de la izquierda.
Según esta visión, la ofensiva judicial tendría como verdadero objetivo destruir el papel de Zapatero como negociador y enlace internacional.
No se trataría solo de un procedimiento penal.
Sino de una operación estratégica.
Una forma de aislar diplomáticamente al chavismo.
Debilitar las redes progresistas latinoamericanas.
Y golpear al PSOE en España.
Por eso algunos tertulianos hablan ya abiertamente de una “guerra híbrida” donde se mezclan:
justicia,
inteligencia,
medios de comunicación,
filtraciones,
organizaciones ultraconservadoras
y presión internacional.
El problema jurídico que sigue sin resolverse
Mientras tanto, el gran debate jurídico sigue abierto.
Porque incluso quienes consideran legítima la investigación reconocen que el auto judicial presenta enormes zonas grises.
La gran pregunta continúa siendo la misma:
¿dónde están las pruebas concretas de que Zapatero presionó directamente a funcionarios públicos para aprobar el rescate de Plus Ultra?
Hasta ahora, los críticos del procedimiento sostienen que el juez construye un relato extremadamente contundente sin aportar todavía pruebas materiales inequívocas.
Se habla de conversaciones indirectas.
De referencias.
De hipótesis.
De contextos.
Pero no habría aparecido aún —según esta visión— el elemento decisivo:
una acción concreta de presión ejercida personalmente por Zapatero.
La izquierda denuncia “presunción de culpabilidad”
Las críticas contra el juez Calama se han endurecido muchísimo en las últimas semanas.
Algunos juristas y comentaristas consideran que el auto parte de una idea previa de culpabilidad y después intenta rellenar el relato con indicios que encajen.
Una acusación extremadamente grave.
Porque implica cuestionar directamente la imparcialidad judicial.
La defensa del expresidente prepara precisamente una estrategia basada en desmontar esa supuesta falta de concreción.
La línea argumental parece clara:
¿qué funcionario fue presionado?
¿cuándo?
¿cómo?
¿mediante qué prueba?
Y si no existe respuesta sólida para esas preguntas, el edificio jurídico podría empezar a tambalearse.
Feijóo, la derecha y las sospechas políticas
La situación se vuelve todavía más explosiva por otro detalle inquietante:
varios dirigentes del PP parecían anticipar la magnitud del escándalo antes de que estallara públicamente.
Las declaraciones previas de Feijóo y los mensajes de Miguel Ángel Rodríguez han alimentado sospechas de filtraciones o coordinación política.
Nada de eso prueba ilegalidades.
Pero sí alimenta un clima de desconfianza brutal.
Especialmente en una España donde gran parte de la ciudadanía ya percibe la justicia, los medios y la política como campos completamente contaminados por intereses partidistas.
Un clima de guerra total
La sensación general es que España ha entrado en una fase de confrontación extrema.
Ya no se trata solo de ganar elecciones.
Se trata de destruir al adversario.
La derecha cree que el Gobierno está rodeado de corrupción.
La izquierda cree que existe una ofensiva judicial y mediática organizada para derribar al bloque progresista.
Y en medio de esa guerra aparece Zapatero como símbolo.
No solo como expresidente.
Sino como representación de una determinada idea de izquierda española.
El miedo que sacude al PSOE
Dentro del socialismo existe una enorme preocupación.
Porque el daño político ya está hecho, incluso aunque judicialmente el caso termine debilitándose.
La simple imagen de Zapatero vinculado a titulares sobre blanqueo de capitales y tráfico de influencias supone un golpe emocional gigantesco para el electorado progresista.
Especialmente porque Zapatero era visto por muchos sectores como uno de los pocos referentes morales intactos de la política española contemporánea.
Por eso el shock es tan profundo.
Y por eso la batalla mediática se ha vuelto absolutamente salvaje.
El día decisivo
Todas las miradas apuntan ahora a la próxima comparecencia judicial del expresidente.
Ese momento puede cambiar completamente el rumbo político del país.
Porque si la defensa consigue desmontar públicamente la falta de pruebas concretas, la narrativa del “golpe judicial” ganará muchísima fuerza.
Pero si aparecen nuevos indicios sólidos, el escenario podría convertirse en una auténtica pesadilla para el PSOE.
Nadie sabe qué ocurrirá.
Pero una cosa parece evidente:
España ya ha cruzado un punto de no retorno.
La desconfianza institucional es enorme.
La polarización alcanza niveles históricos.
Y el caso Zapatero amenaza con convertirse en una de las mayores crisis políticas de la democracia española reciente.