Posted in

La situación en el Partido Popular (PP) no ha cambiado respecto a la posible moción de censura para desalojar a Pedro Sánchez del Gobierno, pero lo que está ocurriendo a puerta cerrada en Génova es lo que realmente está sorprendiendo a muchos.

El gran dilema de Feijóo: la moción imposible que divide al PP y puede definir el futuro político de España

 

 

La política española vive uno de esos momentos en los que la estrategia y la aritmética parlamentaria chocan de frente.

 

Alberto Núñez Feijóo lleva semanas elevando la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, insistiendo en que la legislatura atraviesa una crisis de credibilidad y defendiendo la necesidad de devolver la palabra a los ciudadanos mediante unas elecciones anticipadas.

 

Sin embargo, entre el deseo político y la realidad parlamentaria existe una distancia que el líder del Partido Popular todavía no ha conseguido salvar.

 

Chủ tịch PP, Alberto Núñez Feijóo

La posible presentación de una moción de censura contra Pedro Sánchez se ha convertido en el principal debate interno dentro del PP.

 

No porque existan garantías de éxito, sino precisamente porque ocurre lo contrario. Los números siguen sin salir. Los apoyos necesarios continúan lejos.

 

Y, aun así, una parte importante del partido considera que ha llegado el momento de dar un paso adelante aunque la iniciativa esté condenada al fracaso.

 

La discusión ya no gira únicamente en torno a si la moción puede prosperar. La verdadera pregunta es otra: ¿debe Feijóo presentarla aunque sepa que perderá?

 

Esa cuestión resume el dilema político que atraviesa actualmente la dirección popular.

 

Una oposición que busca el momento decisivo

 

Desde hace meses, el Partido Popular ha construido gran parte de su estrategia sobre una idea sencilla: el Gobierno de Pedro Sánchez está cada vez más debilitado.

 

Las investigaciones judiciales que afectan al entorno socialista, las tensiones con algunos socios parlamentarios, los enfrentamientos institucionales y el desgaste acumulado tras años de legislatura han alimentado la percepción de que el Ejecutivo atraviesa una etapa especialmente vulnerable.

 

 

En Génova creen que la presión política debe mantenerse de forma constante.

 

El objetivo es convencer a los socios parlamentarios del PSOE de que continuar apoyando a Sánchez tiene un coste político creciente.

 

Thủ tướng Tây Ban Nha Pedro Sánchez sẽ thăm Trung Quốc

Especialmente importantes son dos actores: Junts y el PNV.

 

 

Ambos partidos han mostrado en distintos momentos su malestar con determinadas decisiones del Gobierno.

 

 

Ambos han lanzado mensajes críticos.

 

 

Y ambos han llegado incluso a plantear la posibilidad de unas elecciones anticipadas.

 

 

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre criticar a Sánchez y votar a favor de una moción de censura impulsada por el PP.

 

 

Hasta ahora, ninguna de las dos formaciones parece dispuesta a cruzar esa línea.

 

 

El muro parlamentario

 

 

La Constitución española establece que una moción de censura debe ser constructiva.

 

No basta con intentar derribar al Gobierno.

 

Es necesario presentar una alternativa.

 

Es necesario proponer un candidato.

 

Y, sobre todo, es necesario reunir una mayoría absoluta en el Congreso.

 

Ahí es donde aparecen los problemas para Feijóo.

 

PP y Vox no disponen de los votos suficientes.

 

Las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE no respaldarán una operación diseñada por la derecha.

 

Y los únicos partidos capaces de alterar la aritmética parlamentaria son precisamente aquellos con los que el PP mantiene relaciones especialmente complejas.

 

Junts y PNV.

 

La paradoja resulta evidente.

 

Para desalojar a Sánchez de La Moncloa, Feijóo necesita convencer a partidos que durante años han sido objeto de duras críticas por parte del propio Partido Popular.

 

El líder popular se enfrenta así a una contradicción difícil de gestionar.

 

Necesita los votos de quienes forman parte de su discurso de oposición.

 

Y esos partidos saben perfectamente el valor que tienen sus escaños.

 

Barcelona y el baño de realidad

 

La reciente visita de Feijóo a Barcelona fue interpretada por muchos como un intento de explorar posibles apoyos indirectos para una eventual moción.

 

El encuentro con representantes de la élite empresarial catalana tenía un evidente componente político.

 

El líder popular buscaba proyectar una imagen de diálogo y de alternativa de gobierno.

 

Sin embargo, las conclusiones no fueron especialmente alentadoras para sus planes.

 

Según diversas informaciones conocidas posteriormente, varios empresarios trasladaron al presidente del PP una idea bastante clara: no debería contar con Junts para una operación de este tipo.

 

La realidad catalana continúa siendo extremadamente compleja.

 

Y la relación entre Junts y el Partido Popular sigue marcada por años de confrontación política.

 

Mientras tanto, desde el entorno de Carles Puigdemont llegó un mensaje todavía más contundente.

 

Si Feijóo quiere hablar seriamente de una moción de censura, tendrá que acudir a Waterloo.

 

La respuesta no fue casual.

 

Junts conoce perfectamente la dificultad que tendría para el PP una fotografía negociando directamente con Puigdemont.

 

Durante años, los populares han construido buena parte de su discurso contra Sánchez precisamente alrededor de sus pactos con el independentismo.

 

Aceptar ahora una negociación directa con el expresidente catalán supondría asumir un coste político considerable.

 

Por eso Génova ha cerrado esa posibilidad.

 

El debate que divide al PP

 

A pesar de todas estas dificultades, la discusión interna sigue abierta.

 

Y cada vez es más intensa.

 

Dentro del Partido Popular existen dirigentes que consideran que ha llegado el momento de actuar.

 

Su argumento es sencillo.

 

La ciudadanía percibe una situación de bloqueo.

 

Existe una sensación creciente de desgaste institucional.

 

Y muchos votantes esperan una respuesta contundente de la oposición.

 

Según esta corriente interna, presentar una moción de censura tendría valor político incluso si fracasa.

 

Serviría para obligar a todos los partidos a posicionarse públicamente.

 

Permitirá visualizar quién mantiene su apoyo a Sánchez.

 

Y reforzaría la imagen de Feijóo como líder dispuesto a actuar.

 

“Algo hay que hacer”.

 

La frase se repite cada vez con más frecuencia en determinados sectores del partido.

 

Especialmente entre quienes consideran que la oposición no puede limitarse a esperar.

 

El riesgo de fortalecer a Sánchez

 

Sin embargo, no todos comparten esa visión.

 

Existen dirigentes territoriales y responsables autonómicos que observan la situación desde una perspectiva muy diferente.

 

Su principal temor es que una moción fallida termine fortaleciendo precisamente al adversario.

 

La historia parlamentaria ofrece varios ejemplos.

 

Cuando un gobierno supera una moción de censura, suele obtener un efecto político inmediato.

 

La sensación de resistencia.

 

La imagen de supervivencia.

 

La percepción de haber derrotado a la oposición.

 

Eso podría proporcionar a Sánchez un balón de oxígeno político en un momento especialmente complicado.

 

Los críticos internos advierten que una moción sin apoyos suficientes podría transformarse en un regalo inesperado para La Moncloa.

 

Y ese riesgo preocupa seriamente a algunos sectores del PP.

 

La estrategia de esperar

 

Ante esta división interna, Feijóo mantiene una posición deliberadamente ambigua.

 

Feijóo promete "devolver la decencia al país con ayuda o sin ella" e ignora el reto de Junts de ver a Puigdemont en Waterloo

 

No descarta la moción.

 

Pero tampoco la anuncia.

 

Mantiene abierta la posibilidad.

 

Sin comprometerse.

 

Es una estrategia que responde a una lógica política concreta.

 

El líder popular considera que el tiempo juega a su favor.

 

Cada semana que pasa aumenta la presión sobre el Gobierno.

 

Cada nuevo conflicto parlamentario erosiona la estabilidad de la legislatura.

 

Cada investigación judicial amplifica el desgaste.

 

Desde su entorno transmiten un mensaje constante.

 

“No hay prisa”.

“El calendario juega contra Sánchez”.

 

La idea es permitir que el deterioro continúe avanzando sin asumir riesgos innecesarios.

 

El problema de la iniciativa

 

Pero esperar también tiene costes.

 

La política premia a quienes toman la iniciativa.

 

Y castiga a quienes parecen reaccionar siempre a los acontecimientos.

 

Por eso algunos dirigentes populares creen que el partido corre el riesgo de aparecer excesivamente pasivo.

 

Mientras Sánchez resiste.

Mientras Junts mantiene la incertidumbre.

 

Mientras el PNV calcula sus movimientos.

 

El PP necesita demostrar capacidad de liderazgo.

 

La moción de censura aparece entonces como una herramienta simbólica.

 

No necesariamente para ganar.

 

Sino para marcar la agenda política.

 

Para ocupar el centro del debate.

 

Para obligar a todos los actores a definirse.

 

Junts y el factor decisivo

 

La posición de Junts continúa siendo determinante.

 

Sin los siete diputados de la formación catalana, cualquier operación parlamentaria resulta prácticamente imposible.

 

Y Junts lo sabe.

 

Por eso mantiene una actitud calculadamente ambigua.

 

Critica al Gobierno.

 

Aumenta la presión.

 

Eleva sus exigencias.

 

Pero evita comprometerse con una alternativa.

 

La formación de Puigdemont se encuentra en una posición privilegiada.

 

Puede influir sobre la estabilidad de la legislatura sin asumir directamente la responsabilidad de derribarla.

 

Además, cualquier decisión debe analizarse desde una perspectiva catalana.

 

No se trata únicamente de Madrid.

 

Se trata también de la competencia política dentro del independentismo.

 

De la relación con ERC.

 

De la figura de Puigdemont.

 

Y del futuro político de Cataluña.

 

El PNV y la prudencia vasca

 

El Partido Nacionalista Vasco representa otro elemento fundamental.

 

Tradicionalmente, el PNV ha demostrado una enorme capacidad para priorizar la estabilidad institucional.

 

Sus dirigentes observan con cautela cualquier movimiento que pueda provocar incertidumbre.

 

Aunque han mostrado discrepancias con algunas decisiones del Gobierno, tampoco parecen inclinados a respaldar una moción impulsada por el PP.

 

Menos aún si existe la posibilidad de que Vox termine condicionando el escenario político posterior.

 

Esa posición reduce todavía más las opciones reales de Feijóo.

 

La batalla por el relato

 

Más allá de los votos, existe otra dimensión igualmente importante.

 

La batalla narrativa.

 

El PP intenta construir un relato según el cual Sánchez se mantiene en el poder gracias a alianzas cada vez más frágiles.

 

El PSOE responde argumentando que la oposición carece de una mayoría alternativa.

 

Ambas narrativas compiten por imponerse en la opinión pública.

 

Y la moción de censura se ha convertido en una pieza central de esa disputa.

 

Para unos representa una demostración de liderazgo.

 

Para otros sería una evidencia de debilidad.

 

Todo depende del resultado.

 

Y precisamente porque el resultado parece incierto, la decisión resulta tan compleja.

 

El otoño que puede cambiarlo todo

 

Dentro del Partido Popular cada vez son más quienes señalan el otoño como el momento decisivo.

 

Las vacaciones de verano podrían marcar un punto de inflexión.

 

La actividad política se reactivará.

 

Los partidos volverán a medir fuerzas.

 

Y la legislatura entrará en una fase especialmente sensible.

 

Algunos creen que será entonces cuando Feijóo deba tomar una decisión definitiva.

 

Presentar la moción.

 

O descartarla.

 

Mantener indefinidamente la incertidumbre tampoco resulta sostenible.

 

Un líder ante su mayor decisión

 

Alberto Núñez Feijóo llegó a la presidencia del Partido Popular con la promesa de recuperar la centralidad política y ofrecer una alternativa sólida al Gobierno socialista.

 

Desde entonces ha ganado elecciones generales en votos.

 

Ha consolidado el poder territorial del PP.

 

Y ha reforzado su posición como principal líder de la oposición.

 

Pero la moción de censura plantea un desafío distinto.

 

No se trata únicamente de estrategia.

 

Se trata de liderazgo.

 

De asumir riesgos.

 

De decidir cuándo actuar.

 

Y de aceptar las consecuencias de esa decisión.

 

La incógnita sigue abierta

 

Por ahora, nadie conoce la respuesta.

 

Ni siquiera dentro del propio Partido Popular.

 

La moción sigue sobre la mesa.

 

Los votos siguen faltando.

 

Los socios de Sánchez siguen resistiendo.

 

Y Feijóo continúa calculando.

 

Quizá espere.

 

Quizá actúe.

 

Quizá utilice la amenaza de la moción como instrumento de presión hasta el último momento.

 

Lo único seguro es que la decisión marcará una parte importante del futuro político inmediato de España.

 

Porque el verdadero dilema ya no es si la moción puede prosperar.

 

El verdadero dilema es si Feijóo está dispuesto a asumir el riesgo de perder para intentar ganar la batalla política.

 

Y esa respuesta, por ahora, sigue siendo una incógnita.