La campaña electoral andaluza ha entrado en su fase más decisiva envuelta en máxima tensión política, acusaciones cruzadas y una batalla total por movilizar al electorado progresista.
Y en medio de ese clima explosivo, María Jesús Montero ha decidido elevar el tono al máximo lanzando un mensaje demoledor contra el Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla:
“Lo que nos jugamos el domingo es un auténtico referéndum por la sanidad pública.”
Con esa frase, la candidata socialista convirtió oficialmente la crisis sanitaria andaluza en el eje absoluto de la campaña electoral.
Montero sostiene que Andalucía atraviesa un deterioro histórico de los servicios públicos, especialmente del sistema sanitario, y acusa directamente al Ejecutivo del Partido Popular de estar provocando un “desmantelamiento” progresivo de la sanidad pública.

La entrevista, cargada de momentos tensos y declaraciones de enorme impacto político, dejó también acusaciones sobre manipulación política, polémicas por la gestión de emergencias, enfrentamientos territoriales y críticas durísimas al discurso del Partido Popular sobre Cataluña.
Pero sobre todo dejó una sensación clara: el PSOE andaluz está intentando convertir estas elecciones en una batalla emocional alrededor de la salud pública y el miedo al deterioro de los servicios esenciales.
El arranque más incómodo: la polémica por los guardias civiles
La entrevista comenzó con una de las cuestiones más delicadas de las últimas semanas: la polémica generada tras unas declaraciones de Montero relacionadas con la muerte de dos agentes de la Guardia Civil durante un operativo contra el narcotráfico.
Las críticas surgieron después de que algunos sectores interpretaran que la dirigente socialista había calificado las muertes como “accidentes laborales”.
La candidata quiso desactivar inmediatamente la controversia.
María Jesús Montero insistió en que jamás pretendió calificar de ninguna forma el fallecimiento de los agentes y defendió que siempre mostró respeto absoluto hacia la Guardia Civil y hacia las familias de las víctimas.
Recordó además que acudió al funeral, que el PSOE suspendió temporalmente la campaña electoral y que el objetivo era mostrar duelo y respeto institucional.
Según explicó, la confusión se habría producido porque respondió a una intervención previa donde se hablaba genéricamente de accidentes laborales, y algunos interpretaron erróneamente que estaba vinculando ese concepto con la muerte de los agentes.
La candidata evitó confrontar directamente con quienes la criticaron, aunque dejó entrever cierto malestar por la dimensión alcanzada por la polémica.
El narcotráfico y el debate sobre la seguridad
La cuestión también sirvió para abrir un debate más amplio sobre la lucha contra el narcotráfico en Andalucía.
Montero defendió el trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y reconoció la enorme gravedad de la situación en determinadas zonas afectadas por redes criminales vinculadas al tráfico de drogas.
El tema resulta especialmente sensible en Andalucía debido al aumento de la violencia relacionada con el narcotráfico y a las crecientes denuncias de sindicatos policiales reclamando más medios y recursos.
Sin embargo, la candidata socialista evitó entrar en choque directo con el Gobierno central sobre la gestión de seguridad y centró sus respuestas en transmitir respeto institucional hacia la Guardia Civil.
Adamuz: el otro gran frente de campaña
La entrevista se endureció todavía más cuando apareció el tema de Adamuz.
La tragedia ocurrida allí se ha convertido en una de las armas políticas más explosivas de esta campaña electoral.
Juan Manuel Moreno Bonilla acusó al PSOE de haber presionado al alcalde de Adamuz para atacar públicamente al Gobierno andaluz.
Pero Montero respondió con contundencia.

Calificó esas acusaciones como “radicalmente falsas” y defendió al alcalde asegurando que actuó espontáneamente tras sentirse indignado por el uso político que, según ella, estaba haciendo el Partido Popular del accidente.
La candidata socialista describió al alcalde como un hombre “sencillo”, profundamente afectado psicológicamente por todo lo vivido durante la tragedia.
Además, recordó que el propio Moreno Bonilla introdujo el tema durante el debate electoral, provocando así nuevas reacciones desde los municipios afectados.
El debate sobre el 112 y las emergencias
Uno de los momentos más tensos llegó cuando se abordó la polémica sobre el funcionamiento de los servicios de emergencia durante la tragedia.
Montero defendió las denuncias realizadas por trabajadores del 112 y afirmó que incluso el propio Moreno Bonilla reconoció inicialmente situaciones de colapso antes de que otros miembros de su Gobierno intentaran negarlo.
La candidata insistió en que todo terminará analizándose en una “comisión de la verdad”, una expresión especialmente llamativa que utilizó para subrayar que todavía quedan muchas cuestiones por esclarecer.
También pidió prudencia y respeto hacia las víctimas, acusando indirectamente al Partido Popular de utilizar el dolor de determinadas familias con fines electorales.
En ese punto lanzó una de las frases más duras de toda la entrevista:
“Cuando en política se sobreactúa, o bien es porque uno tiene culpabilidad y quiere señalar hacia otro lado, o bien porque quiere sacar provecho propio.”
La acusación apuntaba directamente al Gobierno andaluz.
“Estas elecciones son un referéndum por la sanidad pública”
Pero el verdadero núcleo político de la entrevista llegó cuando la periodista preguntó directamente a Montero si pretendía convertir las elecciones en un plebiscito sobre la sanidad pública.
La respuesta fue inmediata y rotunda.
“Sin duda.”
A partir de ahí, María Jesús Montero desplegó el gran eje emocional de la campaña socialista.
Según sostuvo, Andalucía vive un deterioro sanitario tan grave que ya estaría provocando incluso “muertes evitables”.
La candidata habló de listas de espera descontroladas, colapso asistencial, privatización progresiva y pérdida de calidad en la atención médica.
Y elevó todavía más el dramatismo al afirmar que algunos estudios científicos apuntan a una “sobremortalidad” vinculada al deterioro del sistema sanitario.
La frase cayó como una bomba política.
Porque implicaba responsabilizar directamente al Gobierno de Moreno Bonilla de consecuencias potencialmente letales derivadas del estado de la sanidad pública andaluza.
El miedo como motor electoral
La estrategia del PSOE parece clara: movilizar al electorado progresista utilizando el temor al deterioro de los servicios públicos.
Montero insistió repetidamente en que la sanidad es el servicio que más rápidamente impacta en la vida cotidiana de la gente y el que genera mayor angustia familiar.
Habló de sufrimiento, desesperación y miedo.
Y trató de presentar el voto socialista como una herramienta de defensa frente al supuesto “desmantelamiento” impulsado por el Partido Popular.
El problema para el PSOE es que, pese a ese discurso extremadamente duro, las encuestas continúan mostrando un escenario favorable para Moreno Bonilla.
Las encuestas y el fantasma del peor resultado histórico
La entrevista también abordó la gran preocupación silenciosa del socialismo andaluz: la posibilidad de sufrir otro resultado históricamente negativo.
Cuando le preguntaron directamente si temía lograr el peor resultado de la historia del PSOE andaluz, Montero respondió con una mezcla de prudencia y optimismo.
Insistió en que sale “a ganar” y recordó que en Andalucía las encuestas históricamente han fallado en varias ocasiones.
Citando precedentes electorales pasados, la dirigente socialista defendió que el voto real suele decidirse en los últimos días de campaña y que todavía existe margen para movilizar a la izquierda.
Sin embargo, la tensión era evidente.
Porque buena parte de la estrategia de Montero depende precisamente de lograr una movilización masiva del electorado progresista descontento o desmovilizado.
El peso de Pedro Sánchez
Otro de los grandes temas fue la relación entre la candidatura andaluza y el Gobierno central.
La oposición lleva semanas intentando convertir a Montero en una extensión directa de Pedro Sánchez, especialmente debido a su papel como vicepresidenta y ministra de Hacienda.
Pero lejos de distanciarse, la candidata reivindicó con orgullo su participación en el Ejecutivo nacional.
Aseguró sentirse orgullosa de formar parte del equipo económico que, según dijo, ha logrado importantes avances en crecimiento, empleo y derechos sociales.
Además, defendió el nuevo modelo de financiación autonómica impulsado desde Hacienda.
Y ahí apareció uno de los debates más explosivos de la política territorial española.
Cataluña, financiación y “anticatalanidad”

Montero acusó directamente al Partido Popular de alimentar un discurso de “agravio territorial” contra Cataluña.
Según sostuvo, el rechazo del PP al nuevo modelo de financiación responde más a intereses partidistas y a una estrategia de confrontación identitaria que a los verdaderos intereses de Andalucía.
La dirigente socialista defendió que Andalucía sería una de las comunidades más beneficiadas económicamente con el nuevo sistema.
Habló de miles de millones adicionales para servicios públicos, hospitales, viviendas y educación.
Y lanzó una acusación especialmente fuerte contra Moreno Bonilla:
“Le niega el pan y la sal a Andalucía por ser más del PP que andaluz.”
La frase reflejaba claramente la estrategia socialista: presentar al presidente andaluz como subordinado a la dirección nacional del Partido Popular aunque eso perjudique económicamente a su propia comunidad.
El vínculo histórico entre Andalucía y Cataluña
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando Montero rechazó frontalmente cualquier discurso anticatalán.
Recordó la historia migratoria compartida entre Andalucía y Cataluña y subrayó que miles de familias andaluzas emigraron allí durante décadas buscando mejores oportunidades.
La candidata apeló a esa memoria colectiva para defender una España basada en convivencia, diálogo y armonía territorial.
Y acusó nuevamente al Partido Popular de vivir permanentemente instalado en la bronca política.
La sanidad vuelve a golpear a Moreno Bonilla
La recta final de la entrevista regresó al gran eje central: la sanidad.
Montero defendió su gestión pasada como consejera de Salud y recordó iniciativas históricas impulsadas durante los gobiernos socialistas.
En contraste, acusó a Moreno Bonilla de una “absoluta incapacidad de gestión”.
Especialmente dura fue cuando habló de los fallos en los cribados de cáncer de mama.
La dirigente socialista denunció una falta de respeto hacia las mujeres afectadas y aseguró que existen familias que relacionan fallecimientos con los retrasos y errores en los programas de detección.
Además, volvió a mencionar estudios que vincularían listas de espera y privatización con miles de muertes evitables.
La estrategia del PSOE quedaba completamente clara:
convertir la gestión sanitaria en la gran losa electoral del Partido Popular.
El último mensaje: ganar o resistir
La entrevista terminó con una pregunta incómoda: qué haría Montero si el resultado electoral fuese malo.
La candidata evitó completamente cualquier escenario de derrota.
Repitió varias veces que sale “a ganar” y que está convencida de que la movilización progresista todavía puede cambiar el rumbo de las elecciones.
Pero también dejó una última advertencia política.
Recordó que justo después de las elecciones comenzarán movimientos judiciales relacionados con investigaciones que afectan al Partido Popular andaluz.
La mención sonó casi como un aviso de que la batalla política continuará pase lo que pase el domingo.
Y así terminó una entrevista que confirmó algo fundamental:
las elecciones andaluzas han dejado de ser simplemente una disputa regional.
Ahora son una batalla simbólica sobre sanidad pública, modelo territorial, polarización política y supervivencia del socialismo andaluz.
Y en esa guerra, María Jesús Montero ha decidido jugarse absolutamente todo.