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BOMBAZO POLÍTICO EN GALICIA: “SOBORNOS, TRÁNSFUGAS Y CADÁVERES POLÍTICOS” — EL PSOE ACUSA AL PP DE FEIJÓO DE “COMPRAR” LA ALCALDÍA DE LUGO.HH

La política gallega volvió a explotar en directo.
Y esta vez el epicentro del terremoto fue Lugo.

Lo que comenzó como una moción de censura “legal” terminó convertido en una batalla salvaje de acusaciones, lágrimas, insultos velados y sospechas de corrupción que ya salpican al entorno político de Alberto Núñez Feijóo y del actual presidente gallego Alfonso Rueda.

La oposición habla de “felonía”.
De “traición”.
De “transfuguismo comprado”.
Y hasta desliza insinuaciones explosivas sobre posibles pagos ocultos.

En el centro de la tormenta aparece una figura inesperada: la exconcejal socialista María Reigosa, convertida ahora en la pieza clave que permitió al Partido Popular recuperar la alcaldía de Lugo… 27 años después.

La imagen dejó helada a media Galicia.

Mientras la popular Elena Candia levantaba el bastón de mando como nueva alcaldesa, fuera del ayuntamiento cientos de manifestantes gritaban contra lo que consideran “una operación política construida sobre la muerte, el dolor y la deslealtad”.

Porque sí.
La polémica no solo gira en torno al transfuguismo.

También gira alrededor de una circunstancia brutal que la izquierda no deja de repetir: la edil tránsfuga entró en el Ayuntamiento después del fallecimiento de tres concejales socialistas durante el mandato.

Y esa realidad convirtió el debate político en algo mucho más emocional, mucho más oscuro… y mucho más peligroso.

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Una alcaldía tomada al límite

El Partido Popular llevaba años intentando recuperar Lugo.
Era una obsesión política.

En las últimas elecciones municipales ganó en votos, pero se quedó a un solo edil de la mayoría absoluta. El gobierno terminó en manos de una coalición entre el PSdeG y el BNG.

Parecía un escenario estable.

Pero todo cambió cuando María Reigosa decidió romper con el PSOE y apoyar la moción de censura impulsada por el PP.

Con ese movimiento, Elena Candia se convirtió en alcaldesa y el Partido Popular regresó al poder municipal tras casi tres décadas fuera de la alcaldía.

Oficialmente, los populares sostienen que la moción era “perfectamente legal” y necesaria porque el gobierno local estaba “paralizado”.

Sin embargo, la izquierda gallega lo ve de otra manera.

Mucho peor.

“Tres muertos y una tránsfuga”

La frase estremeció el pleno.

El exalcalde socialista Miguel Fernández lanzó una acusación demoledora que rápidamente incendió redes sociales y medios locales:

“Tres mortos, unha tránsfuga. Son os avales que presenta Candia para asaltar o Concello de Lugo”.

La oposición acusa al PP de aprovechar un contexto marcado por fallecimientos y crisis internas para derribar al gobierno progresista.

Y no se quedaron ahí.

Desde el PSOE y el BNG se denunció que la operación representa una “normalización indecente del transfuguismo”.

Las protestas comenzaron desde primera hora de la mañana frente al ayuntamiento.
La plataforma ciudadana “Transfuguismo Non, Democracia Si” reunió a decenas de manifestantes indignados con la maniobra política.

Las escenas eran tensas.

Gritos.
Pancartas.
Militantes enfrentados.
Y una sensación de ruptura total dentro de la política lucense.

La acusación más explosiva: “Ya veremos si fue por Caja A o Caja B”

Pero el momento más delicado llegó cuando dirigentes socialistas dejaron caer sospechas gravísimas sobre posibles contraprestaciones económicas.

Sin presentar pruebas públicas directas, un portavoz deslizó una frase que cayó como una bomba:

“Xa veremos se foi vía Caixa A ou vía Caixa B”.

Traducido:
“Ya veremos si fue por Caja A o por Caja B”.

La insinuación es brutal porque apunta directamente a la sospecha de pagos opacos o favores políticos ocultos detrás del cambio de bando de María Reigosa.

En otras palabras: el PSOE sugiere que la operación podría esconder algo más que un simple desacuerdo ideológico.

Aunque no existen pruebas públicas que demuestren sobornos, la frase disparó inmediatamente la polémica política y mediática.

Y el daño ya está hecho.

Feijóo vuelve al centro del huracán

Feijóo to the Catalans: "There's no need to change your passport, just your  government. More than ever, Catalonia is Spain."

Aunque Alberto Núñez Feijóo no participó directamente en la moción de Lugo, su nombre terminó apareciendo constantemente durante el debate.

¿Por qué?

Porque la izquierda gallega vinculó esta operación con antiguas prácticas políticas del PP gallego y con episodios judiciales del pasado.

Algunos dirigentes recordaron viejas investigaciones impulsadas mediante denuncias anónimas en Lugo hace años, insinuando que determinados sectores del PP habrían utilizado tácticas similares para destruir rivales políticos.

Uno de los discursos más duros acusó directamente al Partido Popular de mantener “la corrupción de manera estructural”.

Otro exigió que Feijóo y Rueda pidieran perdón públicamente por lo ocurrido.

La tensión escaló todavía más cuando se mencionó el caso de la jueza Pilar de Lara y antiguos procesos judiciales que durante años marcaron la política lucense.

Elena Candia responde: “Nunca trapicheé”

Ante la avalancha de acusaciones, la nueva alcaldesa intentó proyectar serenidad.

En su intervención reivindicó los valores de “una familia humilde y profundamente honesta” y lanzó una frase que ya se ha convertido en titular:

“Nunca trapichei, nin trapicheo, nin trapicharei”.

“Nunca trapicheé, ni trapicheo, ni trapichearé”.

Candia defendió que gobernará “para todos” y negó cualquier irregularidad.

Pero el clima político ya era irrespirable.

Cada palabra parecía gasolina.

Cada intervención aumentaba el enfrentamiento.

Y cada minuto convertía el pleno en uno de los episodios más agresivos de la política gallega reciente.

El PSOE habla de “persecución injusta”

Otro de los momentos más emocionales llegó cuando antiguos dirigentes socialistas recordaron investigaciones judiciales del pasado que, según ellos, destruyeron vidas políticas y personales injustamente.

Uno de los intervinientes relató incluso cómo pasó diez horas en un calabozo “sin haber hecho absolutamente nada”.

Con visible emoción, defendió que muchas personas fueron perseguidas mediante “anónimos” y vinculó indirectamente esa estrategia con sectores del PP gallego.

La intervención mezcló dolor personal, resentimiento político y una acusación de fondo muy seria: que durante años Lugo habría sido escenario de guerras políticas clandestinas.

Una batalla que va mucho más allá de Lugo

Lo ocurrido en Lugo no es simplemente una moción de censura municipal.

Es una guerra simbólica.

El PP vende la operación como una recuperación legítima del gobierno local.

La izquierda la presenta como un “asalto” construido sobre el transfuguismo y el oportunismo político.

Y en medio de todo aparece una sensación inquietante: que Galicia vuelve a entrar en una etapa de confrontación extrema.

Porque las palabras utilizadas ya no son normales.

Se habla de:

  • “felonía”
  • “traición”
  • “corrupción estructural”
  • “Caja B”
  • “anónimos”
  • “persecución”
  • “sin escrúpulos”

El ambiente político se ha vuelto tóxico.

Y el gran problema para el Partido Popular es que la oposición intenta convertir este caso en una narrativa nacional: la idea de que el PP recupera poder gracias a maniobras oscuras y pactos moralmente cuestionables.

¿Puede explotar todavía más el escándalo?

Sí.

Porque el PSOE ya ha dejado claro que no piensa cerrar este episodio.

Las acusaciones sobre posibles contraprestaciones, aunque todavía sin pruebas públicas, podrían acabar alimentando investigaciones políticas o mediáticas si aparecen nuevas filtraciones.

Además, la imagen pública de Lugo ha quedado profundamente dañada.

Incluso dirigentes locales reconocieron durante el pleno que lo que más les dolía era “la imagen que se está trasladando de la ciudad”.

Mientras tanto, el PP insiste en que todo es completamente legal y que la izquierda simplemente no acepta haber perdido el poder.

Pero hay un detalle clave.

La legalidad no siempre elimina el coste político.

Y en Lugo, el precio emocional de esta operación parece enorme.

El fantasma del transfuguismo vuelve a perseguir a España

El caso reabre además un debate histórico en la política española: el transfuguismo.

Durante décadas, los grandes partidos prometieron combatir estas prácticas.
Sin embargo, cuando una moción beneficia a sus intereses… el discurso suele cambiar rápidamente.

Eso es exactamente lo que denuncian ahora PSOE y BNG.

Acusan al PP de legitimar una práctica que públicamente condena en otros territorios.

Y las imágenes de la sesión municipal probablemente perseguirán durante mucho tiempo a todos los protagonistas.

Porque más allá de la aritmética política, Lugo dejó una fotografía devastadora:

Una ciudad dividida.
Una alcaldía tomada en medio del caos.
Y un país observando cómo la política española vuelve a cruzar una línea peligrosa.