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Dieter Brandau desvela el escándalo: la jugada de la SEPI para rescatar a Plus Ultra.

El caso de Plus Ultra Líneas Aéreas vuelve a estallar. Y esta vez, las revelaciones apuntan directamente al corazón del rescate millonario aprobado por el Gobierno español durante la pandemia.

Lo que parecía una simple ayuda pública a una aerolínea en crisis empieza a dibujar una trama llena de sombras, pactos ocultos y movimientos sospechosos ocurridos justo antes de que la Policía actuara contra la cúpula de la compañía.

La investigación periodística desvelada por Dieter Brandau ha reabierto todas las dudas sobre el polémico rescate de 53 millones de euros concedido a Plus Ultra a través de la SEPI.

Y lo más grave no sería únicamente el dinero público invertido en una aerolínea prácticamente irrelevante dentro del tráfico aéreo español, sino la presunta existencia de un acuerdo secreto que permitió a accionistas venezolanos abandonar la empresa sin devolver el dinero comprometido.

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Una cláusula oculta… y una salida silenciosa

Según la información revelada, el expediente del rescate incluía una cláusula extremadamente delicada: los accionistas no podían abandonar la compañía sin devolver antes las ayudas públicas recibidas.

Era, aparentemente, una condición lógica. Si el Estado salvaba a la empresa de la quiebra, quienes controlaban la compañía debían permanecer en ella y asumir responsabilidades.

Pero ocurrió lo contrario.

La presidenta de la SEPI, Belén Gualda, habría autorizado discretamente la salida de los accionistas venezolanos justo cuando la investigación policial sobre Plus Ultra se encontraba en pleno desarrollo. Y el dato que dispara todas las alarmas es el calendario.

La autorización se produjo apenas días antes de las detenciones relacionadas con la trama.

Una coincidencia que para muchos ya resulta imposible de creer.

El rescate más polémico de la pandemia

Desde el primer momento, el rescate a Plus Ultra estuvo rodeado de controversia. La aerolínea representaba apenas un porcentaje mínimo del tráfico aéreo español y acumulaba años de pérdidas económicas.

De hecho, varios peritos sostienen que la compañía ya atravesaba graves problemas financieros antes incluso de la pandemia.

Eso sería decisivo, porque las ayudas públicas creadas por el Gobierno estaban destinadas únicamente a empresas viables que hubieran caído por culpa del confinamiento y la crisis sanitaria.

Pero en el caso de Plus Ultra, los informes judiciales apuntan a otra realidad.

Según explicó Dieter Brandau, los expertos encontraron un agujero financiero de más de 42 millones de euros. La empresa se encontraba, presuntamente, al borde del concurso de acreedores mucho antes del COVID-19.

Sin embargo, desde la SEPI se defendió públicamente que la aerolínea era solvente antes de la pandemia.

Esa contradicción es hoy una de las piezas centrales del escándalo.

El nombre de Zapatero vuelve a aparecer

Zapatero reconoce en el Senado que cobró 70.000 euros anuales de la empresa del «conseguidor» de Plus Ultra

En medio de toda esta tormenta vuelve a emerger un nombre políticamente explosivo: José Luis Rodríguez Zapatero.

Las investigaciones periodísticas sostienen que personas vinculadas al rescate y a la estructura empresarial de Plus Ultra mantenían contacto con el expresidente del Gobierno.

Además, se menciona la figura de Julio Martínez, conocido como “Julito”, señalado como uno de los supuestos intermediarios clave de la operación.

Según lo revelado, las sospechas aumentan porque la Policía detectó posibles filtraciones de información durante la investigación.

Tanto es así que la operación policial habría tenido que acelerarse ante el temor de que algunos implicados estuvieran siendo alertados.

Y justo en ese contexto, la SEPI autorizó la salida de los accionistas venezolanos.

La secuencia temporal ha provocado una auténtica tormenta política.

Una aerolínea bajo sospecha internacional

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El escándalo ya no se limita a España. Las fiscalías de Suiza y Francia también investigan posibles movimientos de blanqueo vinculados a Plus Ultra y a empresarios relacionados con Venezuela.

Según las informaciones conocidas, la compañía aérea habría podido ser utilizada como mecanismo financiero para operaciones bajo sospecha internacional.

Eso convierte el caso en algo mucho más grave que una simple polémica política sobre ayudas públicas.

Porque si las sospechas se confirmaran, el rescate estatal español podría haber terminado beneficiando indirectamente a estructuras investigadas por blanqueo de capitales.

Y ahí aparece otra pregunta demoledora:

¿Quién decidió realmente salvar a Plus Ultra?

El silencio de la SEPI

Uno de los aspectos más criticados es el hermetismo de la SEPI.

Durante comparecencias parlamentarias, Belén Gualda evitó aclarar quiénes eran exactamente los accionistas beneficiados y tampoco explicó públicamente los cambios introducidos en las condiciones del rescate.

De hecho, tanto Plus Ultra como la propia SEPI han intentado mantener partes del expediente bajo confidencialidad incluso ante instancias judiciales.

La oposición acusa ahora al organismo público de ocultar información clave mientras avanzaban las investigaciones policiales.

Y el asunto podría complicarse todavía más.

El dinero sigue sin volver

A día de hoy, Plus Ultra no ha devuelto los 53 millones de euros del rescate. Según las informaciones conocidas, únicamente se habrían abonado intereses parciales.

La compañía estaría negociando nuevas modificaciones del acuerdo para intentar encontrar fórmulas que permitan devolver parte del dinero. Entre las opciones aparece una ampliación de capital.

Pero esa posibilidad abre nuevas incógnitas.

¿Quién entraría ahora en el accionariado?
¿Volverían inversores vinculados al entorno venezolano?
¿Conocía el Gobierno todos estos movimientos?

Preguntas que siguen sin respuesta.

Una bomba política en plena tensión institucional

El caso amenaza con convertirse en uno de los mayores escándalos políticos relacionados con la gestión económica de la pandemia en España.

La combinación de ayudas públicas millonarias, cláusulas secretas, accionistas venezolanos, investigaciones por blanqueo y posibles filtraciones policiales ha creado una tormenta perfecta.

Mientras tanto, el Gobierno insiste en defender la legalidad del rescate.

Pero cada nueva revelación aumenta la presión.

Porque la gran duda ya no es solamente por qué se rescató a Plus Ultra.

La verdadera pregunta es otra mucho más inquietante:

¿Quién protegía realmente a Plus Ultra… y por qué tanta prisa en dejar salir a determinados accionistas justo antes de que explotara la operación policial?