Villacastín sentencia a Abascal tras tildar el hantavirus de “invento de Sánchez”: “Y lo dice el que está acusado por los suyos”.
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La periodista ha retratado al cabeza de la ultraderecha después de sus declaraciones acusando al Gobierno de propagar el virus.

Villacastín sentencia a Abascal tras tildar el hantavirus de “invento de Sánchez”.
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En el actual ecosistema político español, donde la hipérbole parece haber sustituido al debate programático, la última frontera de la confrontación ha cruzado el umbral de la salud pública para adentrarse en el terreno de la pura conspiranoia. El líder de Vox, Santiago Abascal, ha elevado el tono de su ofensiva contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con una acusación que ha dejado perplejos a expertos sanitarios y cronistas parlamentarios por igual: la supuesta “invención” o instrumentalización de un brote de hantavirus para silenciar los escándalos de corrupción que acechan al entorno del Palacio de la Moncloa.
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Esta nueva entrega de la “política de las ciénagas” ha encontrado una respuesta contundente en la veteranía periodística de Rosa Villacastín, quien no ha dudado en retratar al líder de la formación de extrema derecha, recordándole que quien lanza piedras de integridad suele tener, en ocasiones, el tejado de cristal.
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El origen del conflicto: El crucero MV Hondius y el factor miedo.
Todo comenzó con la llegada de noticias sobre el crucero MV Hondius, un buque de expedición polar donde se detectaron casos de hantavirus entre la tripulación y los pasajeros, incluyendo ciudadanos españoles. Mientras las autoridades sanitarias activaban los protocolos habituales de repatriación y atención médica en territorio nacional, el bloque opositor se fragmentaba en dos estrategias de ataque bien diferenciadas.
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Por un lado, el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo centraba su crítica en la gestión logística y la idoneidad de Madrid como centro de acogida para los pasajeros. Sin embargo, Vox, fiel a su estilo de “tierra quemada”, prefirió obviar la realidad biológica del virus para transformarlo en un ente político. Santiago Abascal, durante una comparecencia que ya forma parte de la antología de la crispación, aseguró sin ambages que Pedro Sánchez carece de “escrúpulos” y que sería capaz de “provocar una epidemia con tal de que no se hable de la ciénaga de corrupción”.
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Estas declaraciones no son un hecho aislado. Se enmarcan en una semana donde el llamado “caso Koldo” y las investigaciones sobre las actividades profesionales de Begoña Gómez han acaparado las portadas. Para Abascal, la aparición del hantavirus en el foco mediático no es una coincidencia sanitaria, sino una “cortina de humo” orquestada desde los laboratorios de comunicación de la Moncloa.
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Rosa Villacastín: El azote de las redes contra el discurso del odio.
La reacción de la sociedad civil y la prensa no se hizo esperar. Rosa Villacastín, una de las voces más reconocibles de la crónica social y política de las últimas décadas, utilizó sus perfiles en redes sociales para poner frente al espejo al líder de Vox. “Qué desgracia”, comenzaba el mensaje de la escritora, calificando como lamentable que un representante público sea capaz de sugerir que un virus mortal es un invento gubernamental para tapar desmanes financieros.
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Villacastín fue más allá de la defensa institucional. En un ejercicio de memoria histórica reciente, la periodista recordó que Abascal también enfrenta sus propias tormentas internas. “Y lo dice el que está acusado por los suyos de llevárselo crudo”, sentenció, haciendo alusión a las duras críticas y acusaciones de opacidad financiera que antiguos miembros de Vox, como Macarena Olona, han lanzado contra la dirección del partido y la gestión de la Fundación Disenso.
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Este cruce de acusaciones subraya una realidad innegable: la estrategia de Vox de deslegitimar cualquier acción del Ejecutivo, incluso las de carácter humanitario o sanitario, está erosionando los puentes de entendimiento mínimo en la democracia española. Al calificar el auxilio a los pasajeros del MV Hondius como una maniobra de distracción, Abascal no solo ataca a Sánchez, sino que pone en duda la profesionalidad de los técnicos de salud pública que gestionan la crisis.
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La teoría de la “Gran Sustitución” y el barco del “virus mortífero”.
Para comprender el alcance del mensaje de Abascal, es necesario analizar su intervención del pasado miércoles en un acto político. En ella, el líder de la ultraderecha no solo vinculó el virus con la corrupción, sino que lo mezcló con su discurso xenófobo habitual.
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“Siempre tiene que hablar de algo para que no se hable de sus corrupciones y sus traiciones”, afirmaba Abascal ante sus seguidores. En el mismo párrafo, el político fundía la llegada del barco infectado con su visión apocalíptica de la inmigración: “Ahora no solo queremos que venga aquí toda África y toda América y regularizarlos… ha dicho que hay un barco por ahí con un virus mortífero. Aquí, a España, a Canarias”.
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Este amalgama de conceptos —virus, corrupción e inmigración— constituye la base del manual de la nueva derecha radical: crear un estado de pánico constante donde el ciudadano se sienta asediado por amenazas externas (el virus, la inmigración) y traicionado por enemigos internos (el Gobierno “corrupto”). Al situar el supuesto “virus mortífero” en Canarias, Abascal intenta capitalizar el malestar social en las islas por la crisis migratoria, vinculando enfermedad con extranjería de una forma que los expertos en sociología califican de “extremadamente peligrosa”.
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Realidad vs. Ficción: ¿Qué es realmente el hantavirus?.
Frente a la narrativa de Vox, los datos científicos ofrecen una realidad mucho menos novelesca pero igual de seria. El hantavirus es una enfermedad zoonótica transmitida principalmente por roedores. No es un “invento” de la ingeniería política, sino un patógeno conocido por la comunidad médica internacional desde hace décadas. El brote en el MV Hondius fue reportado por agencias internacionales de noticias y seguido por organismos de salud europeos antes de que el Gobierno de España tomara cartas en el asunto.
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La acusación de que Sánchez podría “provocar una epidemia” para salvar su imagen pública no solo carece de base empírica, sino que roza el libelo. Sin embargo, en la era de la posverdad, la veracidad del dato importa menos que la intensidad del impacto. Vox sabe que una parte de su electorado consume estas teorías conspirativas como verdades absolutas, lo que les permite mantener la tensión emocional alta y evitar que el debate se centre en propuestas económicas o sociales donde su programa suele ser más esquivo.
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El episodio del hantavirus y la respuesta de Villacastín son un síntoma de una enfermedad mucho más difícil de tratar que la biológica: la degradación del lenguaje político. Cuando la oposición deja de criticar la gestión para acusar al gobernante de bioterrorismo mediático, la democracia entra en una fase de cuidados intensivos.
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La exposición que Rosa Villacastín ha hecho de Abascal recuerda que la libertad de expresión no es una patente de corso para la difamación. Al señalar las contradicciones financieras de Vox —las mismas de las que Abascal acusa a Sánchez—, la prensa busca restablecer un equilibrio necesario.
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España se enfrenta a un verano político marcado por los juzgados y las comisiones de investigación. Si el hantavirus es el nivel de debate que propone la tercera fuerza política del país, el futuro de la conversación pública parece destinado a hundirse en la misma “ciénaga” que Abascal dice denunciar. La pregunta que queda en el aire es si el electorado castigará esta deriva hacia lo irracional o si, por el contrario, el ruido de los barcos “infectados” y los virus “inventados” terminará por ensordecer la capacidad crítica de una sociedad ya de por sí agotada.
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