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Donald Trump rompió la tranquilidad de la política mundial al escapar por poco de un tercer intento de asesinato durante la Cena de Corresponsales. En el escenario más prestigioso de Washington, la muerte era inminente cuando el Servicio Secreto abatió al atacante en el acto, evitando una tragedia que podría haber cambiado la historia de Estados Unidos para siempre.

El Servicio Secreto neutraliza al atacante en el sitio y el presidente subraya que, esta vez, los agentes hicieron un buen trabajo

Por tercera vez en menos de dos años, alguien intentó matar a Donald Trump.

La noche del sábado 25 de abril, a las 8:40 hora local, un hombre armado irrumpió en la zona de control de seguridad del Washington Hilton durante la Cena Anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

En el salón de baile había 2.600 personas: periodistas, políticos, miembros del gabinete y celebridades. Trump y Melania estaban dentro.

El agresor, Cole Tomas Allen, 31 años, originario de Torrance, California, portaba una escopeta, una pistola y varios cuchillos. Abrió fuego en el vestíbulo, justo fuera del salón principal.

Los agentes del Servicio Secreto respondieron de inmediato, lo redujeron y lo detuvieron antes de que pudiera acercarse al interior.

Trump salió ileso. Melania también. El vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el director del FBI Kash Patel y el resto de altos funcionarios presentes, sin daños.

Un agente recibió un impacto de bala a corta distancia: el chaleco antibalas lo protegió. Se encuentra en buen estado.

 

Lo que ocurrió dentro

Entre cinco y ocho detonaciones se escucharon en el salón de baile. Los asistentes se tiraron al suelo.

El pánico se extendió brevemente hasta que el Servicio Secreto confirmó que la situación estaba bajo control.

El evento fue suspendido de inmediato y Trump fue trasladado a la Casa Blanca.

 

Horas después ofreció una conferencia de prensa.

Compartió en Truth Social imágenes y vídeos de vigilancia del momento en que Allen se acerca al control de seguridad y es reducido.

Lo describió como «una persona enferma» y confirmó que actuó como «lobo solitario», sin vínculos identificados con grupos organizados.

 

Anunció que la cena se reprogramará en 30 días.

Y recordó Butler. Y recordó Palm Beach.

Cole Tomas Allen

El tipo que el sábado por la noche intentó abrirse paso a tiros hasta el salón donde Donald Trump presidía la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca no era un militante radicalizado con historial de violencia ni un delincuente con antecedentes conocidos.

Era un tutor de preparación de exámenes de Torrance, California. Reconocido como «Maestro del Mes» por el centro C2 Education en diciembre de 2024, cuatro meses antes de intentar matar al presidente de Estados Unidos.

Cole Tomas Allen, 31 años, se alojaba en el propio Washington Hilton la noche del ataque. Eso le facilitó el acceso inicial al hotel. Llegó al checkpoint de seguridad con detectores de metales armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos. Abrió fuego. Un agente del Servicio Secreto recibió un impacto en el chaleco antibalas. El agente sobrevivirá. Los agentes lo redujeron antes de que pudiera acercarse al salón donde estaban Trump, JD Vance, Marco Rubio, Kash Patel y 2.600 personas más.

El perfil que desconcierta

Allen tiene formación en ingeniería mecánica y ciencias de la computación. Máster en la Universidad Estatal de California-Dominguez Hills. Aparece en perfiles relacionados con Caltech y la NASA. Era programador informático y desarrollador aficionado de videojuegos a tiempo parcial, además de su trabajo como tutor.

En los registros electorales de California figura como votante sin afiliación partidista, la categoría de «no party preference». El FBI investiga sus motivaciones pero hasta ahora no ha confirmado ningún vínculo con grupos organizados ni con una ideología política concreta. Actuó, según todas las indicaciones disponibles, como un «lobo solitario» sin cómplices.

Es el perfil que más difícil resulta detectar para los servicios de seguridad. No hay manifiesto publicado online. No hay radicalización progresiva documentada en redes. No hay contactos con organizaciones extremistas. Solo un hombre de 31 años con buenas notas académicas, trabajo estable y aparente vida normal que en algún momento decidió llevar tres armas al hotel donde se celebraba la cena más mediática del año político americano.

Trump lo describió como una «persona enferma» y publicó en Truth Social las imágenes de vigilancia del momento en que Allen se aproxima al checkpoint y es reducido por los agentes.

La investigación en curso

El FBI y otras agencias registraron su domicilio y posibles direcciones adicionales en Torrance en las horas posteriores al incidente. Allen enfrenta cargos federales iniciales por uso de arma de fuego en un delito violento y agresión a un agente federal. Se esperan cargos adicionales.

El motivo sigue sin estar claro a 26 de abril de 2026. Algunos medios han especulado con vínculos a odio político o ideológico, pero sin confirmación oficial. La investigación continúa.

El tercer intento en menos de dos años

Es el tercer atentado contra Trump desde julio de 2024. El primero, en Butler, Pensilvania, casi lo mató. El segundo, en West Palm Beach, fue detectado antes de que el tirador disparara. El tercero, en el Washington Hilton, fue neutralizado por un Servicio Secreto que aprendió las lecciones de Butler y actuó con la rapidez que entonces no tuvo.

Lo que une los tres casos es que ninguno de los tres atacantes encajaba en el perfil convencional del fanático obvio. Thomas Crooks tenía 20 años y no tenía historial político claro. Ryan Routh era un antiguo recluta sin filiación documentada con grupos organizados. Cole Allen era el tutor del mes en un centro de preparación de exámenes de California.

La amenaza que el Servicio Secreto tiene que gestionar no viene solo de los radicalizados visibles. Viene también de personas que el mes anterior estaban enseñando matemáticas a estudiantes de instituto y cuya decisión de armarse y actuar no dejó ninguna señal que alguien pudiera haber interceptado a tiempo.

Eso es lo que hace más difícil este tipo de atentados. Y lo que convierte la investigación del FBI sobre las motivaciones de Allen en algo que va más allá de este caso concreto.

El lugar y su historia

El Washington Hilton no es un escenario neutro en la historia de los atentados contra presidentes estadounidenses. El 30 de marzo de 1981, en la misma entrada del mismo hotel, John Hinckley Jr. disparó seis veces contra Ronald Reagan cuando salía de un acto. Reagan recibió un balazo en el pecho. Su secretario de prensa James Brady quedó con daños cerebrales permanentes. El agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy también resultó herido.

Cuarenta y cinco años después, en el mismo vestíbulo, un hombre con escopeta intentó llegar hasta otro presidente republicano. Esta vez el Servicio Secreto lo detuvo antes de que se produjera ninguna víctima mortal.

Trump lo reconoció explícitamente: «Hicieron un trabajo mejor que en Butler».

Los tres intentos de asesinato contra Trump

Es la tercera vez en menos de dos años que alguien intenta matar al presidente.

El primero fue en Butler, Pensilvania, el 13 de julio de 2024, durante un mitin electoral. Thomas Matthew Crooks, de 20 años, disparó desde el tejado de un edificio a 130 metros del escenario. Una bala rozó la oreja derecha de Trump. El asistente Corey Comperatore murió protegiéndose; otras dos personas resultaron heridas graves. El Servicio Secreto abatió al tirador. Fue el atentado más cercano al éxito de los tres y generó una crisis profunda en el Servicio Secreto, con varias dimisiones en la cúpula y una revisión completa de los protocolos de seguridad en actos multitudinarios.

El segundo fue en West Palm Beach, Florida, el 15 de septiembre de 2024, mientras Trump jugaba al golf en su campo de Trump International. Ryan Wesley Routh, de 58 años, estuvo apostado durante doce horas en los matorrales junto al campo con un rifle AK-47. Un agente del Servicio Secreto lo detectó y lo redujo antes de que pudiera disparar. Trump nunca estuvo en la línea de fuego. Routh fue detenido y enfrenta múltiples cargos federales.

El tercero es este: Washington Hilton, 25 de abril de 2026. Cole Tomas Allen neutralizado antes de llegar al salón. El Servicio Secreto actuando con la rapidez y la eficiencia que el incidente de Butler había exigido que recuperaran.

El contexto en que se produce

El intento de asesinato se produce en uno de los momentos de mayor tensión geopolítica del segundo mandato de Trump. El alto el fuego con Irán expira en horas. Tres portaaviones estadounidenses están desplegados en Oriente Medio. Las negociaciones en Islamabad entre los enviados de Washington y el canciller iraní continúan sin resultado visible. Y Trump gestiona simultáneamente el conflicto con Teherán, la presión sobre los aliados de la OTAN y las tensiones comerciales con China.

Un presidente que maneja ese nivel de conflictos simultáneos y que ha sobrevivido a tres intentos de asesinato en menos de dos años es una figura que genera odios de una intensidad que el sistema político americano no había visto en décadas.

Trump llamó a los estadounidenses a «resolver nuestras diferencias» en su conferencia de prensa del sábado por la noche. Es un llamamiento que lleva haciendo desde Butler sin que los hechos sugieran que alguien con intenciones violentas lo esté escuchando.

El Servicio Secreto lo protegió las tres veces. La tercera con la eficacia que la primera había exigido.

Trump está vivo. La investigación sobre Allen continúa. Y la pregunta que nadie en Washington quiere formular en voz alta es si habrá una cuarta vez.